Una escapada a Andorra

Aunque cueste creerlo viviendo en Barcelona, uno de los integrantes de Isa y Fe de viaje tenía una gran cuenta pendiente: ¡no conocía Andorra! Así que decidimos organizar un fin de semana visitando este pequeño país y algunos puntos de interés en el camino en coche desde Barcelona a Andorra. Esta es nuestra crónica de este fin de semana en los Pirineos.

PRIMER DÍA

Un rinconcito de Lles de Cerdanya

Nuestras primeras paradas fueron en la Vall de la Cerdanya (un paseo y un café por el bonito pueblo de Bellver de Cerdanya y una satisfactoria comida autóctona en el diminuto Lles de Cerdanya). Y ya a primera hora de la tarde entrábamos en el Principat cruzándonos con una larga cola de vehículos locales que salía del país. La sensación de ir al revés de la mayoría y evitarnos aglomeraciones nos reconfortó. Habíamos estructurado nuestras visitas de manera que esa tarde la temática fuera más bien paisajística. Ya veréis el por qué

Pal. Eso es todo

Tras bordear Andorra la Vella, a dónde volveríamos más tarde ya que habíamos reservado el hotel en esta población, nos adentramos en el práctico túnel de La Massana para dirigirnos al pueblecito de Pal, al pie de las pistas d esquí del mismo nombre, ahora desiertas por ser el mes de septiembre. Pal es uno de los pueblos mejor conservados de todo el país y paseamos por sus callejuelas empedradas entre casas de piedra y bordas (casas de montaña donde principalmente se guarda el ganado, volveremos a ello más tarde). Aunque lo que más nos gustó fue la iglesia de Sant Climent, un pequeño conjunto románico del S XII que no pudimos visitar por encontrarnoslo cerrado (iba a ser una tónica del fin de semana, lamentablemente)

Sitio obligado para las fotos

Montaña arriba, pasadas las pistas de esquí de Pal paramos en el mirador del Coll de la Botella, a 2075 msnm para extasiarnos con las vistas que el sitio ofrece: los valles de Pal y Arinsal y las impresionantes montañas de la sierra de Comapedrosa, el punto más alto del país. En el mirador hay una gran escultura de hierro llamada Tempesta en una tassa de te, que nos resultó bastante peculiar y a donde la gente se sube para hacerse fotos y selfies con un fondo solemne. Nosotros incluídos, por supuesto.

Los habitantes del Port del Cabús

Seguimos carretera adelante, una espectacular ruta panorámica, entre vacas que pacían con tranquilidad en los prados y esquivando a caballos que cruzan el camino sin fijarse demasiado en los vehículos para llegar última parada de la ruta, el Port de Cabús. El paisaje aquí es ya de alta montaña, no hay apenas árboles y la vegetación consiste en hierba y matorral bajo. Paseamos por este lugar que posee una característica peculiar: la frontera entre Andorra y Catalunya cruza por la cima del puerto. Pero ahí arriba no hay, por supuesto, ninguna aduana, ni señalización alguna que indique el cambio de país, por lo que las pistas han sido tradicionalmente usadas por contrabandistas o por los pasadores durante las guerras. Aunque hoy en día, las únicas que cruzan la frontera por este puerto son, tranquilas, las vacas.

Hay rincones bonitos en Andorra LV

Nuestra jornada entre montañas tocaba a su fin, así que bajamos hacia el valle a instalarnos en el hotel que habíamos reservado en Andorra la Vella. Tenemos una cierta ambivalencia con la capital del país: la gran mayoría del casco urbano es horrible, compuesto por edificaciones sin interés arquitectónico alguno, construídas sin ton ni son ni armonía, y plagado de tiendas estridentes y exageradas. Pero conserva un pequeñísimo centro histórico muy agradablee, de callejulas empedradas, casas de piedra, comercios bonitos y una pequeña iglesia románica, la Església de Sant Esteve. Paseamos un poco por este barrio y cenamos muy bien en un magnífico restaurán de especialidades locales.

SEGUNDO DÍA

Sant Miquel d’Engolasters a pie de carretera

Nuestro objetivo para esa mañana no era otro que descubrir el Vall de Perafita Claror Madriu. Se trata de una extensa área boscosa protegida, de mas de 4200 hectáreas y declarada patrimonio mundial de la UNESCO desde el año 2004. Esta zona tiene multitud de rutas caminables, no te las acabas, pero nosotros teníamos ganas de hacer la ruta de la Vall del Río Madriu, probablemente la más potente a nivel histórico, pero nos pasamos de largo el párking de Les Fonts, el que da acceso a la entrada y llegamos al del Lago de Engolasters. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que esto nos permitió conocer la esbelta iglesia románica de Sant Miquel d’Engolasters, que se levanta a pie de carretera.

El prcioso camino empedrado que sube hacia la Fontverd

Una vez aparcados en el sitio correcto iniciamos la ruta de las bordes. Se trata de un camino totalmente empedrado de dificultad media, de unos 4 Km y que salva un desnivel de unos 400 m. hasta la vall de Ramió y el Refugi de Fontverd. El camino, flanqueado todo el rato por árboles y densa vegetación y que discurre bordeando el Riu Madriu es realmente bonito, pero lo realmente interesante y por lo que se ha ganado la distinción de Patrimonio de la Humanidad es por un motivo muy particular. Este itinerario tiene una historia muy arraigada al territorio ya que viene usándose desde hace siglos por ganaderos, guias de montaña, contrabandistas, incluso por pasadores. Estos últimos eran los habitantes del lugar que, por su gran conocimiento del terreno, guiaban a personas que huían de los conflictos en épocas de guerra.

Entre bordes y piedra seca

Además, pudimos adentrarnos en la cultura de las bordes, las tradicionales construcciones andorranas de piedra y madera que se usaban para guardar sobre todo el ganado pero también las cosechas. En el precioso Valle de Ramió pudimos incluso entrar en una de ellas, hoy dedicada a refugio y aprendimos su técnica de construcción, la llamada piedra seca, basada en el encaje de las piedras sin mortero de ningún tipo y que también se usa para los muros de contención y de separación del terreno. Durante el recorrido nos cruzamos con todo tipo de caminantes: desde los excursionistas más esforzados a los más experimentados, los que iban en grupo con un guía o los que iban equipados para largas rutas de días con paradas en los refugios. Pero los que más nos sorprendieron fueron los que bajaban corriendo negociando las piedras a toda velocidad. ¡Qué habilidad la suya!

La iglesia de Sta Coloma y su orgulloso campanario cilíndrico

La visita de la mañana, de inmersión total en la naturaleza, fue la razón por la que el primer día lo dedicamos más a rutas paisajísticas, así que esa tarde tocaba visitar edificaciones y centros urbanos. Y empezamos por la iglesia de Santa Coloma, una bonita edificación románica del S XII con un peculiar campanario cilíndrico, único en el país. La lástima es que no la pudimos visitar por dentro ya que al parecer se estaba celebrando una boda en su interior. Seguíamos con la racha de ver las iglesias sólo por fuera.

Bonitos callejones empinados

Se acercaba la hora de comer y decidimos visitar Ordino y picar algo en pueblo. Ordino, capital de la parroquia del mismo nombre, es un animado pueblo de unos tres mil habitantes (aunque en invierno llega a triplicar esta cifra) con una potente escena cultural ya que posee un auditorio y un par de museos. Uno de ellos, el de Areny Plandolit es especialmente interesante ya que aparte de ser una imponenete casa noble, muestra la cultura del hierro, muy vinculada con el valle. Nos encantó pasear por su tranquilo Carrer Major, empederado y flanqueado de casas de piedra tradicionales y cruzado por empinados callejones. En uno de sus restaurantes nos sentamos a disfrutar de una buena comida.

500 m de caída libre

Nuestro siguiente destino era la parroquia de Canillo, en el valle vecino, pero queríamos hacer un recorrido circular para no tener que pasar por la capital de nuevo, así que enfilamos la carreterita que sube por el puerto de Ordino, una preciosa ruta panorámica de alta montaña paraíso de ciclistas. Superado el puerto nos esperaba nuestra siguinte visita, el Mirador del Quer. Se trata de una sobrecogedora plataforma de veinte metros en voladizo que ofrece unas espectaculares vistas sobre el valle, 500 metros más abajo. La sensación de vértigo por la tremenda caída en vertical y el vioelnto viento, y unas claraboyas de cristal transparente estratégicamente colocadas ofrecen una experiencia realmente impactante. Los que sufran de acrofobia, mejor abstenerse.

Enésima iglesia cerrada. Empieza a ser desesperante

Tras un montón de curvas, esta vez de bajada, llegamos al valle de Canillo donde nos esperaban dos visitas más: la primera a la iglesia románica del valle, Sant Joan de Caselles. Y aunque Google juraba y perjuraba que estaba abierta, adivinad el qué.. Correcto, la encontramos cerrada. Y no fuimos los únicos engañados; había un par de autobuses de centrouropeos dando vueltas con la misma cara de incredulidad que nosotros y comprobando la información falsa en sus teléfonos móviles.

La curiosa luz de Meritxell al atardecer

La siguinte visita, última del día, nos resultó muy interesante. Unos kilómetros al sur se encuentra el Santuari de Meritxell, que tiene una particular historia. En este lugar se levantaba la iglesia románica de nostra senyora de Meritxell, que albergaba la venerada talla de la patrona de Andorra. Sin embargo, en septiembre de 1972, un devastador incendio redujo a cenizas el edificio y destruyó la imagen. Inmediatamente se convocó un concurso y los reputados arquitctos Bofill y Bohigas presentaron un proyecto que resultó ganador (y menos mal, porque vimos algunos otros que habían concursado que hubieran resultado bastante desastrosos de ser escogidos). Hoy en día es un templo moderno pero que a la vez nos pareció muy respetuoso y armonioso con el entorno es el que recibe las peregrinaciones y los actos dedicados a la patrona del país.

Maqueta y (foto)realidad

Paseamos un buen rato por su claustro, donde se pueden ver las maquetas de todas las iglsias románicas del país, que pugnan por ser declaradas Patrimonio de la humanidad, y por los solemnes patios de arcos abiertos donde una colección de fotografías y planos muestran todo el proceso del viejo al nuevo santuario, y los planos del proyecto original, mucho más ambicioso y faraónico pero que detuvo la presión popular. (menos mal otra vez)

Y poco más. Después de descansar un rato en el hotel, salimos a dar una vuelta por la capital para ver si mejoraba nuestra impresión de Andorra la Vella (convinimos que no mucho) y a tomar unas cervezas que bien nos habíamos ganado. Y con ellas aprovechamos para rememorar nuestras andanzas por un país muy particular, precioso e interesante y que nos ha dejado con muchas ganas de volver para continuar conociéndolo, visitar lugares que nos hemos dejado por falta de tiempo, realizar alguna que otra ruta por la espectacular Vall de Perafita y, por supuesto, intentar visitar alguna iglesia románica… ¡por dentro!

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