Una semana en Bulgaria

Casas sobre el acantilado en Véliko Tárnovo, la antigua ciudad de los zares

Poco sospechábamos cuando escogimos Bulgaria para hacer un roadtrip que este país nos iba a gustar tanto. Y es que desconocíamos que Bulgaria tuviera una historia tan profunda, una cultura tan potente y diversa y una gente tan particular. Nuestra ruta en coche, que tanto nos ha cundido y gustado, nos ha llevado por:

  • Plovdiv
  • Kazanlak
  • Nessêbar
  • Varna
  • Madara
  • Ruse
  • Arbanasi
  • Veliko Tarnovo
  • Sofia
  • Rila

Llegamos a Sofia ya entrada la noche, así que lo único que pudimos hacer fue una primera toma de contacto con la gastronomía local en un pequeño restaurante de barrio (¡qué rico nos pareció el kachamak!) y aprender que en Bulgaria se brinda con la palabra ¡nasdrava!. Por la mañana temprano, carretera hasta Plovdiv, ciudad que dista poco más de una hora de Sofía.

Día 1: PLOVDIV

EL CENTRO HISTÓRICO

Llegamos al centro de Plovdiv y un solícito paisano nos levantó la barrera para poder acceder a la zona histórica, a la que sólo puede entrar si tu hotel o residencia está dentro de este área. El centro de la ciudad se extiende por una colina en una red de callejuelas empedradas con fuertes pendientes, y en la cima de esta colina se conservan las interesantes ruinas de Nebet Tepe, cuyos primeros vestigios datan del 4000 a.c. y que fueron agregando con el tiempo construcciones tracias y romanas. Primera y potente lección de la historia búlgara mientras disfrutábamos de unas imponentes vistas de la ciudad

CASAS RENACENTISTAS

Consultando el horario en la Casa Hindliyan, una de las visitables

Pero si algo destaca del centro de Plovdiv son, sin duda, las casas renacentistas. Datan de la época del renacimiento búlgaro (no confundir con el Renacimiento italiano, nos sucedió a nosotros y que nos lio un poco al principio del viaje) que fue un movimiento de reafirmamiento de la cultura y la identidad búlgara a lo largo del S XIX. Estas singulares casas destacan por la utilización de elementos naturales como la madera, la ornamentación a base de molduras y esgrafiados y por las suntuosas decoraciones de sus interiores, ya que la mayoría pertenecían a familias pudientes. Visitamos tres de ellas, la Casa Hindliyan, la Antigua Botica y la Casa Balabanov, cuyo interior nos fascinó. Hay unas cuantas más que se pueden visitar, comprando un billete integrado que cuesta muy barato, pero nos falto el tiempo.

LAS RUÍNAS DE PLOVDIV

Paseo por el anfiteatro

Otra visita obligada en la Colina es el Anfiteatro de Philipoppolis, el antiguo nombre romano de la ciudad. Data del Siglo I y es uno de los mejor preservados del mundo gracias a su curiosa historia: Su situación, excavado en la ladera de la montaña, hizo que quedara enterrado durante siglos, tanto que se desconocía su existencia hasta que en 1970 un corrimiento de tierras dejó al descubierto parte de él. Desde entonces se está restaurando este importante conjunto. La visita entraba en el billete integrado y la disfrutamos prácticamente solos ya que la gente se limita a quedarse en las terracitas de la entrada tomando algo.

EL FORO

El gol norte del circo debajo de la avenida principal

Uno de los espacios mas peculiares y que mas nos sorprendió de Plovdiv es el Foro de la antigua ciudad romana. Este espacio está totalmente enterrado bajo la avenida principal de la ciudad, la Alexander I y poco a poco se van descubriendo vestigios, como el coqueto Odeón, totalmente rodeado por edificios de viviendas, el Foro, aplastado por la contundente mole brutalista del edificio soviético de Correos, o el Circo, del que se han excavado las gradas de la esquina norte, perfectamente conservadas. Nos pareció muy curioso y perturbador el contraste de cómo éstas se acaban donde empiezan los cimientos de los modernos edificios de tiendas y oficinas. ¿Excavarán más? Está en proyecto, pero se nos antoja difícil.

KAPANA

Callecita de Kapana, el barrio de moda

La decepción nos alcanzó por la noche. Nos habían recomendado que para tomar algo o para cenar fuéramos al barrio de Kapana, un trazado antiguo de callejuelas estrechas y casas bajas al norte del Foro y del barrio otomano. Así que para allá nos dirigimos, para encontrarnos un barrio carente de personalidad, invadido por bares cool de cerveza artesana y restaurantes modernitos donde turistas y gente local ad hoc se agolpaban. Y nos molestó soberanamente que en un restaurante que nos habían recomendado nos pidieran 30 € de consumición mínima, (¿nos verían cara de primos?) así que allá les dejamos con sus tonterías y sus modas. Una lástima porque la zona era realmente bonita. Si no os importa sentiros como en cualquier barrio moderniqui de cualquier ciudad europea, os gustará Kapana.

Día 2: HACIA NESSEBAR

Nuestra siguiente etapa nos iba a llevar en dirección este hasta la costa del Mar Negro, pero por el camino nos esperaba una interesante inmersión en la cultura tracia ya que nuestra primera parada programada iba a ser la pequeña ciudad de Kazanlak,

KAZANLAK

La máscara de oro de Seuthes III

Kazanlak es el campo base tradicional para explorar las tumbas tracias del Valle de los Reyes, y de la propia e importante tumba de la ciudad. Pero antes de meternos en harina decidimos visitar el pequeño museo etnográfico de la ciudad (que abrieron para nosotros, esto iba a ser una constante en el viaje) para hacernos una idea de conjunto de la cultura tracia, que abarcó desde los siglos IX a.c. hasta la invasión romana, con una mezcolanza previa con la cultura helenístico macedónica. El museo cuenta con una espectacular sala de restos arqueológicos tracios que, aparte de otras piezas, recoge el importante tesoro encontrado en la tumba del rey Seuthes III (S III a.c) que nos ayudó a situar esta desconocida civilización en la historia y a entender mucho mejor lo que veríamos después.

TUMBAS TRACIAS

Tras aprender todo lo posible sobre los tracios, ya nos sentíamos preparados para visitar sus tumbas. Escogimos la de la ciudad, a poca distancia del propio museo y situada en la cima de una pequeña colina. Se descubrió en 1944, al excavar una trinchera en la II Guerra mundial y se encontró prácticamente intacta. Tal es su importancia que, para preservar sus maravillosos frescos (patrimonio de la UNESCO, el primero otorgado a Bulgaria) se monto una réplica exacta al lado, que es lo que se abre al visitante. No os vamos a engañar: la sensación nos resultó rara; intentamos abstraernos de que estábamos en una réplica y admirar los frescos helenísticos que representan escenas cotidianas de una familia noble, pero el resultado fue extraño. Aun así, coincidimos en que se trata de una vista imprescindible. Ah, la victoria alada en el carro que aparece en la foto es el símbolo de la ciudad.

NESSEBÂR

Lo que queda de la Iglesia de Nuestra Señora

Tras una hora de agradable viaje llegamos a la costa del Mar Negro y nos dimos de bruces con la dura realidad del turismo de masas. Nessebâr, la localidad costera es una zona tristemente invadida por los hoteles ressort gigantescos, por los horrendos parques acuáticos (les encantan, hay un montón) y por los restaurantes de calidad dudosa y donde han abandonado la rotulación cirílica autóctona por el inglés. En la época en la que fuimos (marzo) estaba todo cerrado, pero da miedo pensar en lo que se debe convertir esto en verano, con las hordas de turistas británicos, alemanes o rusos arrasándolo todo. Lo dejamos atrás y nos dirigimos a nuestro verdadero destino.

La diminuta iglesia de S Juan y el hotelito homónimo

El pueblo antiguo de Nessebar esta situado en una pequeña península diminuta de no más de 1 Km de largo unida al continente por un puente. Se trata de una ciudad amurallada que contiene una increíble profusión de iglesias de toda época, confesión y estado de conservación. Hay tantas, que el pueblo ha conseguido la proclamación de Patrimonio Universal de la humanidad y la UNESCO esta ayudando a la conservación de los templos y de las murallas.

Las casitas de Nessebâr en la golden hour

En la época del año en la que viajamos, el casco antiguo de Nessebâr es un pueblo fantasma; no había nadie, como en su horrendo homónimo continental, así que paseamos prácticamente solos a la caída de la tarde, admirando las iglesias y las casas del renacimiento búlgaro, no tan esplendidas y ornamentadas como las de Plovdiv pero muy bonitas y evocadoras. Y tanto éramos los únicos viajeros en el pueblo que en el hotel nos preguntaron a qué hora volveríamos para tenernos la cena preparada.

Día 3: VARNA

La siguiente etapa nos iba a llevar a la ciudad de Varna, la tercera más grande del país y que no dista más de 90 Km de Nessebâr, pero para llegar tuvimos que recorrer una carreterita que bordeaba la costa y que se las traía: estrecha, revirada y que subía y bajaba unas cuantas montañas, por lo que tardamos lo suyo en completar el trayecto.

Primer encontronazo con las cúpulas ortodoxas

Varna es una ciudad bulliciosa, moderna y poco visitada que cuenta con varios atractivos y que visitamos como mandan los cánones: la Catedral de la Dormición, impresionante mole ortodoxa de cúpulas doradas y que es la segunda más grande del país y en donde empezamos a darnos cuenta de la importante devoción religiosa que profesan los búlgaros, el Parque Primorski, que une la ciudad al mar y a sus playas, y algo que nos gusto mucho, las curiosas termas romanas, incrustadas en medio de las casas del centro, muy bien conservadas y documentadas y que visitamos en total exclusividad.

MUSEO ARQUEOLÓGICO

Empacho de iconos búlgaros

El día se completó con la visita al importante Museo Arqueológico de la ciudad. Aparte de tener una extensísima colección de piezas arqueológicas tracias, griegas y romanas, así como unas salas dedicadas a las épocas bizantinas y otomanas, lo que nos gusto mucho fue la exhaustiva colección de iconos búlgaros. Aprendimos que en la época del tercer reinado, tras expulsar a los otomanos, Bulgaria experimento una periodo de recuperación de la identidad nacional (el Renacimiento, del que ya hablamos anteriormente) y que llevó a la reinterpretación de los iconos clásicos góticos. Lo explicaremos en «curiosidades», al final del artículo, pero nos pareció una visita muy interesante.

Día 4: EL NORTE DE BULGARIA

La cuarta etapa de nuestro viaje nos llevo hasta el norte del país, a la ciudad de Ruse, llegando hasta la frontera con Rumanía que marca el río Danubio. Pero antes de llegar, nos habíamos programado un par de paradas.

MADARA

Cuesta distinguirlo, pero os aseguramos que ahí está el Caballero con su perro lanceando al león

En un acantilado próximo al pueblo de Madara, pudimos admirar lo que se ha convertido en el símbolo nacional de Bulgaria: el Caballero de Madara. Tras subir una vertiginosa escalera de piedra de 300 escalones nos encontramos en la Esplanada y ante nosotros, el Caballero. Se trata de un gran bajorrelieve del S VIII grabado a 20 metros de altura y que representa a un jinete lanceando a un león. Su relevancia se debe a que, supuestamente, es una imagen del Kan Tervel, el más importante rey del primer imperio, período que supuso la época de constitución de Bulgaria tras desligarse del imperio bizantino. Es tal su relevancia, que la imagen del Caballero es la que se ha escogido para los nuevos céntimos de euro puestos en circulación en enero de 2026.

Las cuevas de Madara repletas de iconos votivos

El conjunto arqueológico de Madara se completa con la Fortaleza en la cima del acantilado (a la que no subimos, ya que el sendero es exigente y no íbamos equipados para la ruta), las cuevas donde se refugiaron los cristianos durante el imperio romano y que aun hoy son lugar de culto popular repletas de iconos, y el llamado altar (shrine en los carteles en inglés), que entendimos que era el extenso conjunto de cimientos de los edificios que fueron sucesivamente un templo pagano, un monasterio y una basílica.

IVÁNOVO

Todo lo que pudimos ver de la iglesia. Algún fresco se atisbaba

Nuestra siguiente visita resulto una odisea. La intención era visitar los templos rupestres de Ivanovo, famosos por sus frescos cristianos primigenios, pero nuestro Google se volvió caprichoso y decidió llevarnos por unos pueblecitos en donde, tras irse acabando las carreteras y pistas, solo nos quedo la opción de campo a través. Corregimos y le dijimos que por favor nos llevara a Ivanovo y no a los templos. Y así sí. Lo malo es que al llegar no encontramos a nadie y vimos en un cartel solitario que las iglesias se abrían a principios de abril (lo visitamos en marzo). De todas maneras paseamos por los vertiginosos acantilados e intentamos atisbar algo desde la reja de la entrada del templo rupestre. Bueno, Otra vez será.

RUSE

Los palacetes de Ruse vivieron mejores épocas.

Que la ciudad de Ruse, nuestro campo base elegido para pernoctar, no era un lugar con demasiados atractivos para el viajero nos quedó claro con la afirmación del encargado del hotel ante nuestra pregunta de qué ver en la ciudad. «lo bonito de Ruse está fuera de Ruse», nos dijo. Aun así, paseamos al atardecer entre palacetes decimonónicos, monumentos alegóricos soviéticos, recorrimos la orilla del Danubio mientras el sol se ponía por Rumania, en la orilla opuesta y nos homenajeamos con una estupenda cena de especialidades regionales (el pescado del Danubio está muy bueno) en un pequeño restorán de parroquianos locales.

BASARBOVO

Los monasterios en la roca

Para sacarnos el mal sabor de boca de Ivanovo, al día siguiente por la mañana decidimos visitar los monasterios trogloditas de Basarbovo. Por lo que habíamos leído, no son tan impresionantes como las iglesias de Ivanovo, pero a nosotros nos encantaron. Se trata de un conjunto de celdas del S XV que los monjes ortodoxos excavaron en la roca y que hoy aún se usan para el culto. Pero más nos gustó el recibo que el monje encargado de las entradas nos escribió a mano con toda parsimonia al comprarle dos iconitos, y que por supuesto conservamos.

Día 5:VELIKO TARNOVO

En la siguiente etapa tocaba abandonar el norte del país para trasladarnos a la ciudad imperial de Veliko Tarnovo, antigua capital del Reino de Bulgaria y que lo fue hasta el S XIX, cuando Sofía tomó el relevo.

ARBANASI

Abrumado por el horror vacui

Una parada previa a Veliko Tarnovo: a pocos quilómetros, en el pueblecito vacacional de Arbanasi queríamos visitar la iglesia de la Natividad. Nos encontramos la pequeña iglesia cerrada, pero antes de que pudiéramos empezar a lamentar nuestra pérfida suerte, una paisana llego al trote con una gran llave y nos dio acceso. Tras comprar los tiques, entramos en un espacio asombroso: las naves y estancias de la iglesia estaban totalmente cubiertas de frescos multicolores sin dejar un solo resquicio libre: techos, paredes, bóvedas y vigas de madera se sucedían en un continuo de escenas bíblicas representando el antiguo testamento y los flos sanctorum Nos resulto apabullante y nos quedamos sentados un buen rato en los bancos del coro admirando la impresionante obra de arte.

VELIKO TARNOVO

Cervecitas desde la terraza del hotel

Veliko Tarnovo (las tildes van en la e y en la a) es conocida como la ciudad de los zares, ya que los monarcas del segundo Imperio búlgaro reinaron desde aquí. Nos encantó pasear por esta ciudad y en especial por su casco antiguo, de estrechas y reviradas calles empedradas y con sus casitas renacentistas construidas unas sobre otras en las laderas de las tres colinas que sortean los meandros del río Yantra. En las principales calles del barrio pudimos curiosear por interesantes tiendas de artesanía y de recuerdos, bonitos y de buen gusto (qué envidia…) y tomarnos unas cervezas en uno de sus acogedores bares. Y por la noche cenar en una mehana (taberna tradicional) a orillas del río.

FORTALEZA DE TSAREVETS

La puerta de entrada a la fortaleza

Nada más llegar cumplimos con la visita obligada que es subir a la gigantesca fortaleza de Tsarevets. Se trata de los restos amurallados de lo que fue la antigua ciudad de los zares entre los siglos XII y XIV, antes de caer ante el avance del imperio otomano. Nos gustó caminar entre lo que queda de muralla y los trazados de los monasterios o del palacio de los zares porque nos evocó los tiempos gloriosos del segundo Imperio Búlgaro. Pero nos llevamos una sensación agridulce ya que muchas partes están reconstruidas con poco cuidado histórico, como la Catedral patriarcal, erigida enteramente de nuevo y decorada con inquietantes frescos modernos. Hoy en día, la Fortaleza es un icono de la ciudad (su skyline aparece en multitud de souvenirs y postales) y un símbolo de la identidad histórica búlgara. Ah, leímos que por la noche hay un espectáculo de luz y sonido muy popular entre el turista. No fuimos.

Día 6: SOFÍA

La última etapa del viaje nos íba a dejar en nuestro punto de partida tras el periplo circular por el este y centro del país. Así que en tres horitas nos plantamos en el parking del mismo hotel de Sofía que habíamos ocupado el primer día.

CENTRO

La antigua catedral con las montañas de Vitosha al fondo

Apuramos un poco la marcha porque a las 14:00 teníamos contratado un free tour. De vez en cuando acudimos a ellos porque si no se tienen demasiados días en una ciudad, te ofrecen una visión global bastante útil que luego nosotros complementamos por nuestra cuenta. Así que Alexander, en un perfecto castellano aprendido en el Instituto Cervantes de Sofía, nos paseó por el centro de la ciudad en donde en tres horas descubrimos vestigios históricos de veintiún siglos.

Los sofienses hacen acopio de agua termal

Sofía es una ciudad que registra asentamientos humanos desde el imperio romano. La ciudad de sérdica pasó a ser parte del imperio en el S I d.c. y se han encontrado grandes extensiones de ruinas al hacer las obras del metro, ruinas que conviven armoniosamente con las estaciones y los vestíbulos del suburbano. Y en un arco narrativo bastante curioso pudimos contemplar basílicas bizantinas, mezquitas otomanas diseñadas por el mismísimo Sinan, grandes catedrales ortodoxas, edificios de corte austrohúngaro, baños públicos art-decó donde estuvieron las termas romanas y en donde los paisanos hacen cola para llevarse botellas de agua mineral sulfurada, iglesias rusas con sus cúpulas acebolladas o inmensos edificios brutalistas soviéticos. Un apasionante paseo por dos mil doscientos años en unos pocos kilómetros cuadrados.

La imponentes cúpulas de Alexander Nevski

El periplo acabó a los pies de la gigantesca catedral de Alexander Nevski, la segunda catedral ortodoxa más grande del mundo y que es una brutalidad de arcos y cúpulas, construida a principios del S XX con materiales traídos de multitud de países. La paseamos admirados por el exterior y por el sobrio interior (las catedrales ortodoxas huyen de ornamentos y oropeles más allá de iconografías muy interesantes). La tarde la dedicamos a conocer el ocio sofiense (¿sofiano? ¿sofiés?) tomando unas cervezas en un bar modernito que era a la vez galería de arte y filmoteca (programaban Sirat, ojo) y cenando en un restaurante de especialidades de la ciudad bastante apañado y que estaba a rebosar de parroquianos locales.

Día 7: RILA

Último día, última excursión del viaje a uno de los lugares más emblemáticos de Bulgaria: el Monasterio de Rila. Pero antes hicimos una parada en ruta

IGLESIA DE BOYANA

Nada hace pensar lo que hay dentro

A pocos kilometros del centro de Sofía, en las estribaciones de las montañas de Vitosha se encuentra la diminuta iglesia de Boyana. Salimos pronto hacia allí ya que es un destino habitual de los visitantes de la capital y al estar tan cerca se puede llegar incluso en transporte urbano. Tras comprar el tique y esperar nuestro turno (sólo se puede entrar en tandas de máximo cinco visitantes) accedimos al interior de esta diminuta iglesia del S XI para admirar un espectáculo maravilloso: su interior es una de las muestras de arte medieval más importantes y mejor preservadas del mundo. Todo su interior está cubierto de delicados frescos de estilo pre renacentista del S XIII que presentan escenas bíblicas y de vidas de los zares. Una maravilla absoluta que admiramos sobrecogidos.

MONASTERIO DE RILA

La iglesia del complejo monástico

A una hora hacia el sur de la capital y encajado entre montes, en un pequeño valle a más de 1000 metros de altitud visitamos el Monasterio de Rila. Su ubicación, su extraña decoración colorida, la sorpresa que nos causó su rotunda presencia, sus abigarrados frescos que retratan escenas del Apocalipsis y del Juicio Final y el ambiente solemne que desprendía nos sobrecogieron, y estuvimos un buen rato sentados sintiendo algo que se acercaba mucho al síndrome de Stendhal.

El horror vacui de los murales apocalípticos

El monasterio de Rila es un símbolo nacional. Fundado por el eremita San Juan de Rila (el que aparece en la nueva moneda de euro), se considera el protector y guardián de la lengua, la cultura y la religión búlgara a lo largo de los siglos y frente a las diferentes invasiones, de bizantinos, otomanos, soviéticos, etc. que sufrió el país. Otro dato curioso es que se cree que el alfabeto cirílico, variante del griego que se extendió por tierras balcánicas y eslavas hasta nuestros días, se originó aquí. El Monasterio, así como la Iglesia de Boyana, son Patrimonio del la Humanidad de la UNESCO.

Milenka de queso y pan picante. Casi casi lo mejor del monasterio

Pasamos todo el día en el Monasterio, por lo que tuvimos que comer en el propio lugar. Poco crédito le dábamos a un chiringuito regentado por unas abuelas locales justo delante de la puerta del monasterio, pero las especialidades locales que compramos, una Milenka (bollo de queso) y un pan de especias resultaron ser una sorprendente delicia.¡Qué ricos! Y tan generosos de tamaño que nos duraron hasta el dia siguiente para hacer un tentempié en el aeropuerto.

Día 8: SOFÍA

Último día de nuestro viaje. Teníamos que devolver el coche de alquiler que tan buen servicio nos había dado e ir al aeropuerto hacia el mediodía. Así que buscamos un par de sitios para visitar por la mañana, que resultaron ser bastante sorprendentes

El salón, centro de la vivenda, con la estantería de libros autorizados

En primr lugar, visitamos el Red Flat, un piso que se conserva exactamente como lo dejó la familia antes de mudarse a otro lugar en 1989. Refleja perfectamente la vida bajo la dictadura comunista de Todor Zhivkov y nos resultó curioso y peculiar. A primera vista no difiere demasiado de un piso español de los años 50, pero los detalles, los libros, la decoración o los objetos, reforzados por la exhaustiva audioguía (interesantísima, parecía un podcast de historia) nos ofrecieron una idea bastante fiel de cómo era la vida cotidiana de la época. Y una cosa interesante: todo se podía tocar, abrir, revolver, leer… hasta se podían probar los chocolates de la cocina (actuales, claro, no de hace cuarenta años)

Esperemos que S. Nicolás obre su magia

El colofón del viaje nos esperaba en la Iglesia Rusa de San Nicolás. Tras pasear por parques y plazas del centro acabamos en esta iglesia de inspiración eslava. La tradición popular sostiene que este santo es taumaturgo, y que te concede los deseos que le pidas (es clásico que los estudiantes le rindan visita antes de los exámenes). Así que bajamos a la cripta donde Nicolás obra sus milagros, escribimos nuestros deseos en unos papelitos y los introducimos en la urna que custodia el santo. ¿Adivináis cuáles fueron? (pista: viajes)

Y tras esta visita / minipregrinación nos dirigimos al hotel para coger el cochec on el que llegamos en un momento al cercano aeropuerto de Sofía. Nos explicaron que este céntrico aeropuerto está a punto de desaparecer, ya que están construyendo uno mucho más grande fuera de la ciudad, así que es probable que cuando volvamos ya no lo pisemos. Porque seguro que volveremos a Bulgaria a recorrer las partes que no hemos visto en este viaje ya que es un país nos ha encantado, con unas ciudades y pueblos muy interesantes, y con una identidad y una historia potente y particular que desconocíamos y que nos ha sorprendido gratamente.

CURIOSIDADES BÚLGARAS

BABA MARTA Y LA MARTENITSA

Martenitsas colgando de unas ramas en Plovdiv

Algo nos sorprendió desde el primer día: de las ramas de los árboles colgaban pulseras blancas y rojas. Al principio pensábamos que era en un árbol concreto, luego que era típico de Plovdiv, pero a lo largo del viaje las vimos por todas partes. Así que indagamos y descubrimos que se trataba de martenitsas, que conmemoran en marzo la fiesta de la Baba Marta (Abuela Marzo) El 1 de marzo los búlgaros se intercambian estas pulseritas que se llevan durante un mes y que tras eso se cuelgan de los árboles al verlos florecer, simbolizando la llegada de la primavera. La martenitsa se regala entre parejas, familiares, amigos, o compañeros de trabajo, y no es extraño ver gente con varias pulseras a la vez. Y no sólo pulseras: los búlgaros intercambian también plumeritos, broches o muñecos mientras que figuras de mayor tamaño decoran las plazas. Eso sí, sea lo que sea, siempre en blanco y rojo, si no, no vale, ya que el rojo es el calor y el sol y el blanco la luz. Nos pareció una bonita tradición y por supuesto nos regalamos unas martenitsas

LOS ICONOS BÚLGAROS

San Juan de Rila, en icono y en la moneda de 1 €

Los iconos búlgaros son pinturas religiosas propias de la tradición de la Iglesia Ortodoxa en Bulgaria realizadas entre los siglos VIII y XII, coincidiendo con el primer imperio. No se consideran simples obras de arte decorativo, sino que son objetos sagrados destinados a la oración y la contemplación espiritual. Representan figuras como Cristo, la Virgen María, ángeles y santos, siguiendo reglas estrictas de estilo heredadas del Imperio Bizantino como las figuras hieráticas, los fondos dorados que representan cielo y divinidad.

En el siglo XIX, los iconos búlgaros vivieron una etapa de transformación ligada al Renacimiento Nacional Búlgaro, ya sabéis, un movimiento cultural que buscaba reafirmar la identidad del país durante el dominio otomano y tras él. Aunque siguen siendo religiosos, empiezan a incorporar cambios estilísticos importantes, como colores más vivos y variados y fondos más historiados, con paisajes o interiores detallados.

Los iconos siguen siendo objetos votivos y de culto hoy en día y se pueden adquirir en iglesias, catedrales y tiendas variadas. Y aparte de su función de culto, se han convertido en un objeto de la cultura popular búlgara (los podéis encontrar como souvenirs por un montón de sitios)

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