Quince días en Perú

Las ruínas de Machu Picchu, sueño viajero desbloqueado.

Llevábamos bastante tiempo con la idea en la mente de viajar al Perú: desde la distancia nos atraía la potente mezcla de cultura, historia, naturaleza y, por qué no, gastronomía que el país prometía. Y por razones varias y tras algún intento fallido nunca habíamos podido ir. Hasta que se nos cruzó la propuesta de viaje de Ruteart, que nos sedujo y nos cuadró a la perfección. Y para allá que nos fuimos. Perú nos ha fascinado y nos ha conquistado. Es un país único y la pequeña parte que hemos podido visitar nos ha dejado con ganas de seguir explorándolo.

Hemos visitado:

  • Lima
  • Paracas
  • Cusco
  • El Valle sagrado
  • Machu Picchu
  • Iquitos
  • Amazonas
  • Reserva natural Pacayá Samiria

Esta es la crónica de nuestras dos semanas en el Perú

DÍA 1: LIMA

Llegamos a la megacapital Lima a primerísima hora de la mañana después de doce horas de vuelo. Tras mezclarnoss una horita con el apabullante tráfico mañanero de la ciudad llegamos al hotel donde conocimos a Will, nuestro guia que nos acompañaría en todo nuestro periplo peruano, quien después de las oportunas presentaciones y de la preceptiva ducha, nos propuso un recorrido a pie por los barrios de Miraflores y Barranco.

BARRIO DE MIRAFLORES

La Costanera de Miraflores en un día gris.

Miraflores es, según nos explicaron, una burbuja en medio de la gris y anodina Lima. Y lo pudimos comprobar en un recorrido que hicimos desde Parque Kennedy, un santuario de gatos donde de noche parece reunirse todo el barrio, hasta el Malecón y la Costanera. Recorriendo su arteria principal, la Avenida José Larco, pudimos comprobar la cantidad de tiendas, bares, restoranes y agachaditos que se suceden. Al final de la avenida el Malecón se abre al océano en donde practican los surferos. Ahí hay centros comerciales ocupados por las tiendas que se repiten en todas las ciudades y por los fast foods habituales, y embarcaderos de madera con construcciones que recuerdan tiempos pasados. El paseo continuó por la costanera por donde se levantan edificios de bastante lujo, de mejor o peor gusto.

BARRIO DE BARRANCO

El puente de Barranco es la entrada al barrio

Siguiendo la Costanera hacia el sur. y tras pasar el acristalado Puente de la Paz. llegamos al Barrio de Barranco. Esta zona sí que nos gustó mucho. Barranco nos pareció un lugar muy bonito, con casonas coloniales de un par de alturas pintadas de colores y con el bonito Puente de los Suspiros, fabricado en madera, que cruza el viaducto que da nombre al barrio y que está rodeado de atelieres de arte, cafés culturales y antiguas iglesias que necesitan restauración. Los bares antiguos del barrio son muy acogedores y en uno de ellos, el mítico Bar Juanito, nos sentamos a recuperar fuerzas y a tener una primera toma de contacto con la rica cerveza Cusqueña, que nos acompañaría durante todo el viaje.

DÍA 2: PARACAS

El desierto, los acantilados y la playa

Por la mañana bien prontito nos trasladamos a la estación de buses de Lima desde donde un autobús nos trasladaría a la pequeña población de Paracas, a 250 Km hacia el sur. Los autobuses en Perú son un medio de transporte interurbano muy habitual y los cómodos asientos de primera, donde vas prácticamente horizontal, son bastante baratos así que en cuatro horas nos plantamos en esta población. Paracas es una pequeña ciudad que los visitantes usan como centro de operaciones para visitar la gran cantidad de puntos de interés que hay a su alrededor. Aún así, es un lugar no muy frecuentado por el turismo masivo debido a su pequeño tamaño y su escasa oferta hotelera, así que nos resultó un lugar muy tranquilo.

TAMBO COLORADO

Descanso del Inca en pleno desierto

Nuestro primer encuentro con la cultura Inca nos esperaba a una hora de Paracas, en pleno desierto. Se trataba del Tambo Colorado, uno de los restos arqueológicos mejor conservados de la costa peruana. Este tipo de construcción era un centro de comunicación del Inca, militar y ceremonial, que se constrían a lo largo del Qapac Ñam (el camino del Inca) equiparable a las fortalezas pucará del noroeste Argentino. Y a diferencia de las construcciones incaicas de la sierra, está construído en adobe. Fue muy interesante pasear por la plaza ceremonial, por las casas que aún conservan vestigios de las pinturas rojas (de ahí el nombre) o por lo que queda del templo inca, atendiendo a las explicaciones de nuestros guias locales, e imaginarnos cómo debía ser esta imponente construcción hace 700 años. El interesante minicentro de interpretación nos ayudó a hacernos una idea de conjunto de la cultura inca del desierto.

OASIS DE MORÓN

Dunas, oasis y desierto

La región costera de Pisco-Paracas es desértica en su mayor parte pero está salpicada de oasis y dunas. Huacachina es la zona de dunas más famosa, pero está masificada e hiperexplotada con entretenimientos y actividades de aventura, así que los chicos de Ruteart nos propusieron a cambio llevarnos a un oasis más pequeño pero apartado de todo este ruido: el Oasis de Morón. Y fué una decisión acertada y celebrada. Morón es un oasis en donde se reune muy poca gente, en su mayoría vecinos de los alrededores, a bañarse o a disfutar de un paisaje casi sin infrastructuras. Nosotros intentamos tirarnos con una tabla duna abajo, con éxito discreto, y comprobamos cuán difícil resulta escalar una de estas dunas gigantescas, ya que los pies se te hunden constantemente Así que admitimos nuestra derrota y nos dedicamos durante un buen rato a deleitarnos con el imponente paisaje que nos rodeaba.

El aguardiente de pisco, la base del peligroso pisco sour

Y ya de vuelta a Paracas, antes de disfrutar de una copiosa comida de especialidades locales en un restorán a pie de playa, hicimos algo obligado en la región: un taller / degustación de pisco sour. Dicen que esta celebérrima bebida a base de aguardiente de uva, que es el cóctel nacional del Perú, se inventó en esta región (no en vano la ciudad de Pisco dista 15 Km de Paracas). No llegamos a averiguar si esto es cierto o es parte de la leyenda, pero lo que sí nos quedó muy claro es que el pisco sour está muy bueno… y que es bastante peligroso si encadenas unos cuantos.

DÍA 3: PARACAS

ISLA BALLESTA

Habitantes de Isla Ballesta

En nuestro segundo día en Paracas tocaba singladura. Y es que a unos 20 Km de la costa paraquina (¿será este el gentilicio?) se encuentran las Islas Ballesta, un verdadero santuario de fauna marina. Un servicio de barcos lanzadera va y viene cada media hora desde el puerto de Paracas y te da una vuelta alrededor de estos áridos y escarpados islotes, en los que no se puede desembarcar. Aparte de avistar leones marinos, pingüinos (los más septentrionales de América del Sur) y decenas de especies de aves, nos explicaron que estas islas son un centro de recogida de guano de gran importancia nacional, ya que esta materia prima es uno de los primeros artículos de exportación del Perú. De hecho, los guaneros y los naturalistas son las únicas personas autorizadas a desembarcar en estas inhóspitas islas.

El enigmático geoglifo

En el trayecto hacia las islas pudimos contemplar algo bastante curioso: A pocos kilómetros costa abajo, en la ladera que desemboca en el mar se extiende un geoglifo del todo enigmático: El llamado Candelabro. Mide 180 metros de largo y está excavado en el árido suelo del desierto a una profundidad de un metro. Nadie sabe por qué se hizo, cuál era su uso o cuándo y por quién fue excavado, aunque se le atribuye a la cultura Paracas, qué floreció en la región hace unos 2500 años. Los hay incluso que lo relacionan con las vecinas líneas de Nazca, aunque no parece que tengan mucho que ver. Quién sabe, especular es gratis… Lo que si es cierto es que nos quedamos un buen rato a bordo del barquito, mecidos por las olas, contemplando ese impactante enigma.

RESERVA NACIONAL DE LA PENÍNSULA DE PARACAS

Desierto, playa y rocas

Al desembarcar, un «recojo» (así le llaman en Perú a los vehículos de varios pasajeros) nos llevó hacia nuestro siguiente destino: la espectacular Reserva Nacional de Paracas. Se trata de una vasta extensión de terreno de 335.000 Ha, de las cuales un tercio están en tierra y el resto en el mar. Se encuentra protegida, ya que su ecosistema es en extremo delicado y no se puede acceder en vehículo privado. Circular por la reserva nos pareció como estar en otro planeta ya que el desierto más árido (las estribaciones del Atacama llegan hasta aquí) se encuentra con las playas más extrañas y espectaculares debido a las caprichosas formaciones rocosas modeladas por los potentes vientos, que aquí soplan la mayor parte del año. Fue curioso también pasear por un caminito repleto de fósiles encastados y pensar que el océano cubrió este desierto hace eones.

Al volver a Paracas nos esperaba otra comida típica del lugar, esta vez a base de pescado y de platos chifa ( los platos mezcla de cocina peruana y china que son muy populares en el Perú). Quedamos en un perfecto estado de sopor para echar una larga siesta en el cómodo bus que nos llevó de vuelta a Lima.

DÍA 4: LIMA

EL CENTRO HISTÓRICO

Hacia la Catedral y la Plaza de Armas

En nuestro cuarto día de viaje disponíamos de una mañana entera en Lima antes de tomar el vuelo que nos llevaría a Cusco. El pequeño problema fue que a la mitad de Isa y Fe de Viaje, las comilonas de Paracas le sentaron bastante mal y se tuvo que quedar guardando cama bastante malito. Así que Isa se fue con unos compañeros de viaje a recorrer el Centro Histórico de la ciudad. Pero como el último día completaríamos esa visita los dos, lo explicaremos más adelante.

DÍA 5: CUSCO

Nuestra llegada a Cusco nos dejó muy clara una cosa: los 3399 metros de altura a los que se encuentra la ciudad no son baladíes y se dejan notar: subir un simple tramo de escaleras resultaba una odisea. Nos quedó claro enseguida que iba a ser cuestión de aclimatarse a vivir en altura, ya que íbamos a estar cuatro jornadas en la región.

CENTRO HISTÓRICO

Will e Isa recuperando fuerzas delante de la Catedral

Cusco (del quechua Qosco, «ombligo del mundo») fue la capital y el epicentro del Imperio Inca. Y aunque la huella colonial española es la que prevalece, hay un montón de potentes vestigios precoloniales que aún perduran. Hoy en día, Cusco es una ciudad animada, colorida y bulliciosa, y durante la mañana recorrimos el centro de la población (lentamente) disfrutando de los principales puntos de interés: la Plaza de Armas, con la Catedral que la preside y la Iglesia de los Jesuítas vigiladas por la imponente Estatua del Inca Pachacútec (un claro top 3 en la lista de los Incas), el sorprendente Templo de Qoricancha (hablaremos de él más tarde) o el Palacio Arzobispal, que se eleva sobre los muros incas aún muy bien conservados. Era la primera vez de muchas que nos topábamos con estas construcciones y nos fascinó la perfección y meticulosidad de estas paredes, de piedras gigantescas talladas y encajadas al milímetro como la Piedra de las Doce Esquinas, delante de la cuál la turistada hace inmensas colas para conseguir la foto.

MIRADOR DE SAN CRISTÓBAL

Las empinadas callejuelas que suben al mirador

Tras pasar un buen rato sentados en las escaleras de la Catedral viendo la vida pasar en la Plaza de Armas, nos encaminamos hacia el Mirador de San Cristóbal, a pocos metros al norte de la plaza. Las calles empedradas que suben hasta el mirador, bordeadas de casitas bajas con bonitos patios interiores resultaronn un paseo agradable en extremo, y las vistas desde la Iglesia de San Cristóbal, a unos 100 metros de elevación sobre la ciudad resultan espectaculares. Pero tardamos casi media hora para hacer un trayecto que a nivel del mar no nos hubiera llevado más de cinco o diez minutos, y llegamos exhaustos. Otra vez nos topábamos con los dichosos efectos de la altura.

BARRIO DE SAN BLAS

Cusco by night desde el Mirador de San Blas

Por la tarde, después de la preceptiva siesta y bien armados de hojas de coca, (haremos un aparte al respecto de este curioso remedio) decidimos huir de las multitudes y encaminarnos hacia la Calle de los Diablillos, en el Barrio de San Blas. No nos quedó claro el por qué esta calle es famosa (hay varias versiones que se contradicen), pero es un callejon muy bonito y pintoresco, con sus casas de piedra y sus balcones de madera, y el hecho de que esté en la ladera de la montaña hace que todos sus bonitos barecitos y restoranes estén colgados sobre la ciudad. Valió mucho la pena ver atardecer desde las alturas de los miradores del Barrio de San Blas, venciendo una vez más al soroche. Ya nos íbamos acostumbrando, y eso que está a más altura aún que San Cristóbal.

DÍA 6: EL VALLE SAGRADO

Nos despertamos pronto porque este día, en ruta hasta Aguascalientes, la base de operaciones del Machu Picchu, ibamos a recorrer el Valle Sagrado. Se trata de la ruta que recorre el camino tradicional que bordea el río Urabamba hasta la selva y que fue un eje de actividad agrícola y de comunicación en la época del Imperio Inca. Hoy en día conserva antiguos asentamientos, centros ceremoniales y pequeños pueblos con actividad tradicional. Y es también una ruta de senderismo bastante utilizada por los viajeros y que usualmente se cubre en cuatro o cinco días.

CHINCHERO

La Iglesia de Montserrat aplasta el templo ceremonial

La primera parada de la ruta fue el pueblecito de Chinchero, donde hicimos dos visitas. En primer lugar, el Yacimiento Arqueológico nos mostró nuestro primer centro arqueológico del viaje. Sin ser el más espectacular de la zona, nos sirvió para hacernos una idea de cómo estaba organizado un recinto ceremonial inca a través de las gigantescas explanadas donde se celebraban las ceremonias, de los espectaculares muros ligeramente inclinados de grandes piedras poligonales o de las terrazas agrícolas. Y algo que nos sorprendió: La iglesia colonial española construída sobre los templos incas. Dicen los líricos guías que es una suerte de diálogo entre las dos culturas, un sincretismo, pero a nosotros nos pareció un símbolo del aplastamiento de la efímera cultura inca por parte de los invasores europeos.

Alimentando a las productoras de lana.

A las afueras del pueblo hicimos la típica parada en casa del amigo del primo del guía para surtirnos de compras tradicionales, pero en este caso no estuvo tan mal, ya que el lugar era un taller artesano de confección de prendas hechas con lana de alpaca: ponchos, mantas, jerseys, bufandas y demás artículos lanudos. Resultó bastante interesante ver como las mujeres confeccionan las prendas con telares arcaicos de madera aún en activo, o cómo tiñen las coloridas lanas con pigmentos naturales de plantas y rocas de los alrededores o traídas de la misma selva.

MORAY

Los enigmáticos círculos de Moray

Taas una hora de autobús valle abajo llegamos a nuestro siguiente destino: las terrazas agrícolas de Moray. Nosotros ya sabíamos lo que eran porque aparecen en la portada de la Guía de Lonely Planet (malditos spoilers…), pero no por eso dejó de sorprendernos el lugar. Se cree que Moray fue un centro de experimentación agrícola de la civilización inca formado por profundas depresiones circulares excavados en la tierra, formando una serie de terrazas concéntricas que descienden en anillos. Así se construían distintos microclimas y se podía experimentar con diversos cultivos, temperaturas y suelos para luego implementarlo a lo largo del imperio. El lugar impresiona por la perfección y la magnitud de la construcción. ¿Cómo lo harían? hay mil teorías pero todo pinta a que nunca se sabrá a ciencia cierta.

SALINAS DE MARAS

cuánta sal…

A pocos kilómetros de Moray paramos en las Salinas de Maras, otra impresionante obra de ingeniería civil, esta preincáica. El espectáculo nos esperaba en un desfiladero entre altos picos ya que el conjunto de más de 3000 pozas salineras está construído en terrazas que se encaraman por la ladera de la montaña. Nos explicaron que la sal proviene de un manantial subterráneo con alta concentración salina que fluye por un sistema de canales que distribuyen el líquido hacia cada poza. El sistema lleva funcionando ininterrumpidamente unos 800 años y la cooperativa que lo lleva, formada por la gente del pueblo, produce alrededor de 2000 toneladas de sal de diversas variedades al año que se exportan a todo el mundo.

EL TEMPLO DEL SOL DE OLLANTAYTAMBO

Desde lo alto del Templo del Sol

El final de nuestra jornada por el Valle Sagrado fue la guinda del pastel, lo que más nos impresionó. En un extremo del pequeño y colorido pueblo de Oyantaytambo, donde las montañas del valle casi se tocan, se levanta el impresionante Templo del Sol, una construcción de piedra en la cima de un imponente muro de 240 escalones. Subirlos no fue nada sencillo, pero la recompensa de pasear por el increíble templo en las alturas valió todo el esfuerzo realizado. Para amenizarnos la subida, nuestro guia local nos explicó la leyenda apócrifa de las caras del Inca Pachacútec, el fundador de la ciudad de Machu Picchu, y del dios Viracocha esculpidas en la montaña cual Monte Rushmore andino. Pero en realidad se trataba de formaciones rocosas que con imaginación te recordaban a dos rostros. Buen intento.

Esperando a que el peculiar tren se aprestara para partir

La etapa final de nuestro viaje la hicimos en tren. Se trataba de la línea que une Puno, Cusco y Aguascalientes, al pie del Machu Picchu aunque debido a desprendimientos y averías, solo funcionaban los últimos 40 kilómetros. Pero no era nuestro día de suerte, según nos dijeron los revisores ya que el tren, entre paradas y marcha a cámara lenta, tardó más de dos horas en cubrir ese corto tramo. Lástima que ya fuera negra noche y no pudieramos disfrutar de las vistas de las escarpadas montañas sobre el estrecho valle del Urabamba, que sí vimos en la vuelta.

DÍA 7: MACHU PICCHU

Somnolientos y emocionados

Al día siguiente nos despertamos muy pronto y muy excitados, ya que ese día ibamos a cumplir un sueño viajero: visitar el mítico Machu Picchu. Nos dispusieron en fila en la calle de Aguascalientes que bordea el río Urubamba porque los buses lanzadera van recogiendo a los que tienen tique de primer turno (nuestro caso) cada 20 minutos y los van dejando en la puerta del recinto. Mientras el pequeño autobús negociaba las curvas de la carreterita de subida al recinto nos fijamos en los esforzados que subían a pie montaña arriba para ahorrarse el precio del bus. Son unos 4 Km pero con un desnivel de cerca de 500 metros, poca broma. Una vez arriba nos explicaron que la entrada al sitio está limitada a unos pocos visitantes durante el día y otros pocos por la tarde, y que probablemente en breve se deje de permitir entrar más allá de las terrazas de observación. Así que tras los trámites de entrada, nuestro guía nos dirigió hacia una de ellas. ¡Ya estábamos, por fin!

Aseguran que ahí abajo están las ruínas.

Pero qué disgusto… Al asomarnos a la terraza lo único que vimos fue un mar de densa niebla que cubría las ruínas. ¡No podía ser tanta mala suerte!, pensamos. Nuestro guía nos animó a no perder la esperanza, ya que la mayoría de veces esa niebla escampaba en el transcurrir de la mañana. Así que bajo la lluvia fina y los atisbos de la ciudad entre los jirones de niebla, se armó de paciencia y charló y charló. Nos explicó la historia de la ciudad de Machu Picchu: aprendimos que, en realidad, no se trataba de una ciudad como tal sino de un centro de estudios y experimentación, es decir, una universidad y laboratiorio agrícola fundada por el omnipresente Inca Pachacútec: poca gente vivía aquí en contra de la creencia popular, salvo algunos agricultores; la mayoría de la gente vivia abajo, en el valle. También nos explicó las aventuras de Hiram Bingham, el «descubridor» de Machu Picchu (otra disgresión merecida que haremos más adelante). Y algunas curiosidades como que la montaña que sale en todas las fotos no es Machu, sino Huayna Picchu. Machu Picchu (pico viejo) es la montaña que está detrás. Vaya, que hicimos un máster en sabiduría del Machu Picchu.

Dispuestos a explorar las ruínas

Y de repente, como por arte de magia, las nubes se deshicieron y ante nosotros se abrió el espectáculo de una de las mayores maravillas del mundo: Las ruínas de Machu Picchu en todo su esplendor. Tras las fotos de rigor, bajamos de las plataformas y el guía nos dejó a las puerta de la ciudad a nuestro albedrío. Durante un largo rato paseamos y nos entretuvimos entre las ruínas, absorbiendo todo lo posible de ese momento verdaderamente único, después del cual nos unimos a nuestros compañeros de viaje para tomar el autobús de bajada donde asmilamos muy fuertemente lo que habíamos vivido. Y por supuesto, celebramos ese memorable día en Aguascalientes con unas ricas cervezas Cusqueñas, aprovechando que el pueblo está a una altura tolerable para la ingesta de alcohol. Por la tarde, camino inverso hasta Cusco: tren y autobús nocturno, esta vez sin paradas.

DÍA 8: CUSCO

E

La ciudad de Pikillaqta, unas ruínas diferentes a las vistas hasta ahora

Nos quedaba un día en Cusco y decidimos invertirlo en visitar el Valle Sur. Habíamos leído que en el valle que conduce a Puno se pueden ver intersantes lugares. Así que contratamos una excursión que nos llevó a las Terrazas agrícolas de Pisac (otra maravilla de la ingeniería civil inca), a la iglesia de San Pedro Apóstol de Andahuilllas que se conoce como la Capilla Sixtina de los Andes (¡qué locura de frescos y ornamentación!) y al parque arqueológico de Pikillaqta, una gigantesca ciudad preincaica de la que se conserva perfectamente su trazado y algunos de sus muros, de adobe en este caso. Y cosa curiosa: cada pueblo de este valle tienen su especialidad artesana. Así, en uno hacen todos pan, en otro tejas de barro, en otro asan cerdos(ahí comimos unos chicharrones excelentes).. hasta hay un pueblo especializado en cocinar el cuy y que tiene una gran estatua de este animalito como dudoso homenaje.

QORICANCHA

El templo inca incrustado en el contundente claustro barroco

A nuestra vuelta a la ciudad nos dirigimos al centro, a visitar un edificio que habíamos visto el primer dia de paso. Se trataba del Qoricancha o «recinto de oro». Nos lo habían presentado como el templo más importante de la cultura incaica, una suerte de El Vaticano inca (en palabras de los guías, no nuestras) y al visitarlo nos dimos cuenta del por qué de su importancia. Aparte de enterearnos de que su fachada estaba recubierta de oro y reflejaba las puestas de sol de una manera especial, esterecinto era el Km 0 de todos los templos y construcciones ceremoniales que, de forma radial, se extendían a distancias regulares por todo el imperio Inca. Del antiguo templo quedan aún importantes vestigios que te permiten apreciar la importancia del lugar, pero ha quedado todo rodeado por el Convento de los Dominicos. De hecho nos costó encontrar la entrada del templo…¡porque no existe! Se accede a través del convento. Ya sabéis, la anteriormente mencionada táctica de aplastamiento de los conquistadores católicos.

Nos resultó una muy interesante visita, y en especial porque lo complementamos con su pequeño museo arqueológico y etnográfico que está magníficamente documentado: sus cinco pequeñas salas nos ilustraron perfectamente sobre las culturas precolombinas, cronogramas y momias incluidas.

Trofeos y medallas a tutiplén

La cada de la tarde la dedicamos a pasear por los barrios de Cusco y nos dimos cuenta de que los negocios estaban agrupados en calles: las joyerías, las agencias de viajes, los bancos, cada uno en su calle. Nos hizo mucha gracia comprobar que en la calle de nuestro hotelito se agrupaban… ¡las tiendas de trofeos! Llegamos a contar no menos de diez. ¿Cuantas competiciones tendrán lugar en Cusco y provincia? Muchas, sin duda.

DÍA 9:CUSCO

SAQSAYWAMAN

La imponente explanada central

En nuestra última mañana en Cusco antes de volar hacia la selva decidimos montarnos en un Uber para que nos llevara a ver otro plato fuerte de la ciudad: el yacimiento arqueológico de Saqsaywaman. Se trata de otra huella del Inca Pachacútec: el monumental recinto ceremonial y religioso donde los habitantes de la ciudad subían a celebrar las festividades estacionales o de culto a los dioses. Hoy en día sólo quedan los trazados de los edificios y los muros, algunos de ellos a varios niveles de altura y aún impresionantes, ya que lo forman piedras de más de diez toneladas milimétricamente encajadas. Nos pudimos hacer una idea de lo impresionante que debió ser el complejo por la extensión de sus ruínas y sobre todo de su gigantesca plaza ceremonial central. Hoy en día aún se celebra ahí el Inti Raimi, la ancestral fiesta en honor del dios Sol.

DÍA 10: REMONTANDO EL AMAZONAS

IQUITOS

La Casa de Fierro de Iquitos, ejemplo de arquitectura colonial

Era noche cerrada cuando aterrizamos en la ciudad de Iquitos vía Lima. Iquitos es la ciudad más grande del mundo sin acceso por carretera y lo primero que nos sorprendió fué el calor y la pegajosa humedad (se notó el descenso de más de 3000 metros) . Y lo segundo, una vez montados en el transporte hacia el hotel, fue la ingente cantidad de mototaxis que circulaban por las calles de la ciudad. Era como si un enjambre de tuk tuks rodearan nuestra furgoneta por las calles, en ausencia de cualquier tipo de coche. Entre la bofetada de calor, la exuberancia de la vegetación y los zumbones tuk tuks parecía que habíamos aterrizado en el sudeste asiático. Poco más vimos de Iquitos salvo un puñado de casas coloniales que se mantienen en buen estado y, claro, la orilla del imponente río Marañon, nuestra bienvenida al Gran Amazonas, ya que de buena mañana nos trasladamos por carretera hasta la vecina población de Nauta que sería el punto de partida de nuestro viaje por el río.

NAUTA

El mercado al aire libre de Nauta

La ciudad de Nauta es el inicio de los trayectos por el río. Su pequeño muelle alberga a las canoas que remontan o bajan el río y sirve como ciudad base para las comunidades y pueblecitos de las orillas del Amazonas. Y como tal, cuenta con colegios, hospitales, mercados o farmacias. Así que tras un almuerzo rápido y contundente (empezábamos a relacionarnos con el omnipresente arroz amazónico) en un abarrote con cuatro mesas, nos fuimos a su bullicioso mercado para hacernos con artículos para completar el botiquín y para surtirnos de snacks y, por supuesto , de cervezas para los días que íbamos a pasar en la selva.

El hipnótico efecto espejo

Nuestra barca, bautizada como Pedrito V, nos remontó por el Marañón hasta su confluencia con uno de los brazos del Ucayali. Ahí, las aguas cambian de color. El lodo marrón es sustituido por minerales en suspensión que producen este efecto espejo que nos acompañó el resto de los días de travesía. El movimiento del agua se vuelve hipnótico, el trayecto es una experiencia en sí mismo: paisaje, fauna, flora y los sonidos de la selva. Por desgracia, Pedrito tenía el motor averiado (el piloto lo intentaba arreglar a golpes de martillo a cada poco rato) y se nos hizo de noche antes de llegar al alojamiento. El último tramo fue una aventura, pero nos esperaban con una deliciosa cena, así que rápidamente se nos pasó el susto. Una vez en la cama, con las luces apagadas, escuchamos los sonidos de la selva. Aquí la noche parece tener más vida que el día.

DÍA 11: PACAYA SAMIRIA

La vista desde el «muelle » de nuestro alojamiento

Arrancamos la jornada explorando nuestro alojamiento a la luz del día: unas cómodas cabañas equipadas con baño y una zona común con la cocina y nuestro comedor-sala de estar. El gerente del lodge, Lenorio, nos explicó la historia del proyecto. Fundó la comunidad Yarina cuando la zona se convirtió en reserva natural. Pasó de extraer y explotar recursos naturales de la Amazonia peruana a promover el ecoturismo. Junto con su familia y el resto de la comunidad, se encargan de la vigilancia y conservación de la selva. Os dejamos es el enlace por si queréis saber un poco más de este lugar tan singular: https://pacaya-samiria.com/

en modo explorador

Nos fuimos río arriba para realizar una caminata por la selva. Nos bastó un kilómetro para estar media mañana entre bosques inundables, pantanos, árboles de 40 metros de altura, hormigueros, termiteros, monos, perezosos, ardillas… también nos explicaron como la población local utiliza las plantas para obtener alimento, tratar dolencias, construir sus viviendas, fabricar utensilios, canoas…

aunque no lo parezca, eso es un árbol

Tras la comida y la siesta pertinente, continuamos nuestra exploración. Quién se va a resistir escalar una lupuna centenaria.

DÍA 12: PACAYA SAMIRIA

El segundo día nos dedicamos a seguir conociendo el entorno, con actividad de pesca de piraña incluida. Algunos con más éxito que otros. Si de esta redactora dependiese… cenábamos plátano.

Por la tarde nos acercamos a la Comunidad de Yarina, donde habitan unas 120 personas. Como os explicamos antes, colaboran en la vigilancia de la Reserva en alianza con el Estado Peruano y aprovechan de forma sostenible algunos recursos naturales como el aguaje (fruta). Vimos como nacían un montón de tortuguitas en su vivero, que protegen de los depredadores y furtivos, si bien una parte de estas tortugas no era liberada al río y se iba a China a… nunca nos lo dijeron.

La comunidad de Yarina

Lo más divertido de la visita fue el partido de fútbol «amistoso» entre los jóvenes de la comunidad y los experimentados jugadores de nuestro grupo. El resultado fue favorable para los visitantes (2 a 3), pero no descartamos la teoría de que los jóvenes peruanos nos dejaran ganar. Fue el final perfecto para una tarde de confraternización y conexión hispano-peruana.

DÍA 13: BAJANDO EL RÍO

desconectando – reconectando

Madrugón para volver a Iquitos (por si Pedrito V nos volvía a fallar) y despedida de nuestra estancia en la selva. Pensamos que sería una experiencia de desconexión, pero confundimos el término. Cierto que no hay cobertura, pero más que desconectar, los días en la selva nos sirvieron para reconectar. La selva no calla nunca. Al principio reagudizas los sentidos, atento a cualquier amenaza que aparezca y que se escape a tu control. Pero al poco dejas de hacerlo. Desaceleras, no hay pantallas ni relojes, la mente se calma. Ya no te importa ducharte con agua del río ni que te salten ranas a la pierna. Habrá a quién no le guste esta sensación, pero a nosotros nos renovó. Y ese «estar presente» que te reconfigura es el que hace que queramos vivir más experiencias como esta.

CENTRO CREA

Encantado de conocerle sr. Manatí

Dado que llegamos antes de lo previsto a Iquitos (algo bastante insólito en la selva) y teníanos algo de tiempo antes de ir al miniaeropuerto para embarcarnos destino Lima, nos acercamos a las instalaciones del CREA. Se trata de unsitio muy interesante, un santuario dedicado a recuperar animales de decomisos en el aeropuerto o en los controles del río que la gente mala quiere sacar de contrabando para venderlos, y luego reintroducirlos en la naturaleza. O para quedarse aquellos que han sido muy maltratados y no podrían vivir en libertad, como los pobres papagayos a los que cortan plumas, garras o picos.

La visita al centro se dividió en dos partes: Una muy instructiva, la del centro de recuperación donde pudimos ver manatíes, aves, tortugas, monos o tapires que se recuperaban para un día volver a la selva, mientras nos explicaban el interersante método de trabajo de los biólogos. Y otra, digamos que no tan interesante, donde nos guiaron por el bosque aledaño para mostrarnos las plantas y árboles endémicos y unos monigotes de gusto diverso (animales, espíritus del bosque…) que nos parecieron unos ninots falleros trasladados a la selva peruana.

DÍA 14: LIMA

CENTRO HISTÓRICO DE LIMA

La Plaza de Armas de Lima

Se acercaba el final de viaje. Tras un cómodo vuelo interno de Iquitos a Lima, nos dirigimos al hotel para pasar la última noche en el Perú. Nos quedaba una mañana antes de volver a casa y la empleamos para visitar el centro de Lima, que nos había quedado pendiente por problemas de salud. El Centro Histórico, patrimonio de la UNESCO y que comprende la Plaza de Armas y los alrededores es de lo poquito que ha quedado de la época colonial en la ciudad. Disfrutamos paseando por la imponente Plaza, que alberga la Catedral y la casa consistorial, y por sus alrededores, donde se suceden conventos, iglesias, casas de dos planntas con los clásicos balcones de madera oscura y antiguas tabernas ancladas en el tiempo. A uno de los conventos le dedicamos una visita pausada, al majestuoso Convento de San Francisco.

CONVENTO DE SAN FRANCISCO

La imponente fachada barroca del convento. Lástima de las obras.

La visita al Convento nos pareció un imprescindible de la ciudad de Lima. La rotunda fachada amarilla, con sus torres gemelas y su intrincada puerta barroca nos dio acceso a los claustros forrados de azulejos y las salas interiores. Nos sorprendieron las majestuosas escaleras y la gran cúpula, reconstruidas varias veces tras sendos terremotos, y disfrutamos de las numerosas pinturas de la escuela cusqueña. Una de ellas nos pareció muy pintoresca ya que representaba una última cena clásica pero con alimentos tropicales locales. Aunque lo más impresionante fueron las catacumbas, que funcionaron como cementerio en los primeros años del Convento y que en su laberinto de pasillos y salas albergan huesos de más de 25000 personas, perfectamente ordenados en osarios. A la salida quisimos que nuestro Uber nos llevara al sitio arqueológico de Pucllana, que nos pareció una visita interesante, pero el habitual atasco cotidiano nos hizo llegar cuando estaban cerrando al mediodía. Lástima.

Y se acabó. Con gran pena en el corazón, el viaje tocó a su fin. Y para celebrar lo viajado y recordar lo vivido nos juntamos con nuestros compañeros de viaje en un restorán del barrio de Miraflores, donde empezó todo dos semanas antes, para comer un pollo asado y unos picarones de postre y despedirnos de las Cusqueñas y de los pisco sour. Y teniendo muy claro que algún día volveremos a este maravilloso país ya que nos queda un montón por recorrer y visitar, tanto por el norte como por el sur.

DISGRESIÓN 1: EL INCA / LOS INCAS

Panel en Saqsaywaman con los nombres de los 14 incas. Muy útil.

En el imaginario popular, el concepto «Inca» hace referencia a un pueblo o una civilización. Pues nada más lejos de la realidad. Puede que alguno de vosotros lo sepais, pero en este viaje aprendimos que Inca es sinónomo de rey. Cuando hablamos de «el Inca» nos estamos refiriendo a uno de los reyes del imperio que dominó el área del Perú, Bolivia y norte de Chile y Argentina durante no más de siglo y medio. El Imperio inca se extendió desde el año 1400, cuando sojuzgaron a las antiguas civilizaciones de la zona (quechuas, mochicas, tihuanaco), hasta la conquista española de mediados del S XVI. Pocos años para una civilización pero suficientes para dejar un legado cultural e histórico brutal. Aprendimos que los reyes incas (los incas) fueron sólo doce, aunque hay historiadores que cuentan catorce con los últimos monarcas implicados en la conquista española: Huascar y Atahualpa.

DISGRESIÓN 2: LA COCA

Te encuentras las hojitas por todos los lados

Ya nos pasó en nuestro viaje al NOA Argentino, pero en las tierras altas peruanas el fenómeno de las hojas de coca se da corregido y aumentado. Se supone que son la panacea para evitar el mal de altura (ya sabéis, dolor de cabeza, mareos fatiga, ahogos…) pero lo cierto es que no hay evidencia científica de que este remedio sea efectivo. Pero ojo, ni científica ni popular ya que cada nativo con el que hablabas tenía una opinión diferente sobre la bonanza de las hojas o de cómo administrarlas mejor (haciendo un paquetito en la encía, mascándolas,chupándolas cual caramelo, en infusión, etc). Lo cierto es que te las encontrabas y te las daban por todas partes y que nosotros las usamos en la modalidad machacadas en la encía. ¿Funcionaron? Nunca lo sabremos ya que lo que nos hubiera pasado sin ellas es una incógnita, pero nos lo tomamos como un ritual andino.

DISGRESIÓN 3:EL RÍO

El Amazonas cuando se llama Urabamba desde el Machu Picchu

¿Dónde nace el río Amazonas? Hay controversia en dónde están las fuentes del mayor sistema fluvial del mundo, aunque la teoría que tiene mayor aceptación es la que afirma que nace en el sur de Perú, en el Nevado Mismi, cerca de Arequipa y a unos 6900 Km de la desembocadura. Pues si aceptamos esta teoría, en nuestro viaje a Perú nos encontramos con Su Majestad el Amazonas varias veces y en diversas modalidades: cuando se llama Vilcanota y no es más que un riachuelo al sur de Cusco, cuando es un torrente enfurecido a los pies del Machu Picchu y se llama Urabamba o cuando es un tranquilo río navegable llamado Ucayali cruzando las selvas de Pacaya Samiria. El Amazonas como tal empieza unos kilómetros más allá de Iquitos, cuando el Marañon se junta con el Río Negro cerca del trifinio con Brasil y Colombia. Aunque también eso es controvertido.

DISGRESIÓN 4: LOS MUROS

Muros incas en Saqsaywaman

Es bastante común: una de las construcciones que más impresionan a los viajeros en el Perú son los muros que se conservan en los sitios arqueológicos y en los templos prehispánicos por la magnitud de sus piedras. Y nosotros no fuimos ajenos a ello. El problema que tuvimos fue el baile de fechas, estilos y materiales que tuvimos en la cabeza debido a la poca pericia y, porque no decirlo, a la inventiva de algunos guías que nos íbamos encontrando. Y así fuimos acumulando versiones: que si en la época inca se construía con adobe, que no, que estos construían con piedra y hormigón, que tampoco, que sólo en piedra… Hasta un guía un poco conspiranoico nos quiso hacer creer que el inca se había inventado una mezcla de líquidos y hierbas que hacían dúctiles las piedras para que pudieran encajar. Delirante.

Así que tuvimos que buscar literatura por nuestra cuenta para fijar un poco los datos y aprendimos que en las culturas preincaicas se construía sobre todo con adobe y piedra pequeña (como en Pikillaqta), y que los grandes muros de piedras gigantescas talladas a la perfección, encajadas sin cemento como en un rompecabezas y ligeramente inclinados hacia el interior para prevenir sismos son mayoritariamente obra del Inca (Saqsaywaman o Chinchero, por ejemplo). También es una característica de la cultura incaica el adaptar los muros al relieve de las montañas, como en el Templo del Sol de Oyantaytambo o al relieve del suelo como vimos en las ingeniosas terrazas agrícolas de Pisac Aunque también son de la época incaica los tambos de la costa y el desierto construidos con adobe, ojo.

DISGRESIÓN 5: HIRAM BINGHAM

Mr Bingham en plena campaña

Hiram Bingham (1875-1956), explorador de la universidad de Yale pasa por ser la persona que descubrió al mundo la ciudad perdida de Machu Picchu y forma junto con Howard Carter, Heinrich Schliemann o Ludwig Burkchardt el dream team de los arqueólogos románticos de finales del SXIX. Pero su apasionante historia verdadera tiene luces y sombras, y más de estas segundas.

Entre los habitantes temporales de la ciudad estaba Pablito Riccharte (8) que ayudó a Bingham a moverse por las ruinas y al que se considera el primer guía local.

En realidad, Bingham estaba realizando un viaje por el valle del Urubamba buscando vestigios incas cuando supo la existencia de una misteriosa ciudad en la montaña gracias a las historias de los campesinos locales, que ya la conocían. Guiado por algunos de ellos, ascendió por la ruta que hoy lleva su nombre para descubrir la espectacular ciudad escondida en la cima. Aunque se dio cuenta que en una de las edificaciones había un nombre y una fecha grabados: Agustín Lizárraga 1902. Y también que algunas familias del valle vivían en Machu Picchu a temporadas para cultivar maiz o coca.

El Templo de las tres ventanas, donde se encontró la firma de Lizárraga

En efecto, Agustín Lizárraga fue un oficial de caminos peruano que llegó a la ciudad perdida nueve años antes que Bingham, pero no supo valorar su descubrimiento o no supo difundirlo, quién sabe. Bingham recogió la existencia de esta firma en su primer ensayo sobre el Machu Picchu, pero «olvidó» citarlo en su libro definitivo, aparte de borrar la firma de Lizárraga de la piedra. Qué cosas… Lizárraga, al enterarse de la maniobra, quiso reivindicar su figura, pero no llegó a tener éxito. Murió accidentalmente un año después, ahogado en el río a los pies de la montaña que albergaba su descubrimiento. Un asunto muy turbio. El bombazo de repercusión mundial que fue la noticia del descubrimiento fue gracias al reportaje que del mismo hizo la revista National Geographic en 1913, por supuesto sin mención alguna de Lizárraga o de los guías locales, y gracias al cual Hiram Bingham se hizo celebérrimo.

Aspecto de la ciudad a la llegada de Bingham. Se cargó toda la vegetación y los árboles y buena parte de las construcciones

Mas sombras: Hiram Bingham no tenía formación como arqueólogo, así que utilizó unos métodos muy discutibles en sus excavaciones. Por ejemplo, decidió incendiar los árboles que tapaban las ruinas para ir más rápido con resultados desastrosos ya que arrasaron numerosas edificaciones en sus caídas y desarraigos. ¿Qué maravilla sería hoy Machu Picchu sin los expeditivos métodos de Bingham? Nunca lo sabremos. Además, se llevó para su universidad todas las piezas arqueológicas y restos humanos que encontró sin que le dolieran prendas, con el resultado de que el gobierno del Perú ha tardado más de un siglo en recuperarlas de los EE.UU. y traerlas de vuelta a los museos de Cusco.

Estas historias nos las explicó un historiador en la pequeña población de Pisac, quien tenía toda la pinta de ser un profesor jubilado, y que nos ofreció una maravillosa clase magistral por amor al arte en un abarrote de los que venden todo tipo de cosas, y en donde compramos una magnífica colección de postales antiguas del Machu Picchu, algunas de las cuales ilustran esta sección. Lamentamos no recordar el nombre de este ilustre personaje local.

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