Cualquier viajero que recorra Japón volverá maravillado por sus ciudades, impresionado por su naturaleza, conmovido por su tradición y extasiado ante sus templos y santuarios. Pero seguro que también experimentará sorpresa tras sorpresa con las grandes curiosidades de la sociedad japonesa y sus ciudadanos. Aquí va una recopilación de las cosas que nos resultaron peculiares, curiosas y divertidas, aunque siempre interesantes y que fuimos relatando por capítulos en la red Facebook durante nuestro viaje. Hubo muchas más, pero destacamos de momento unas cuantas.
El menú de los WC

Sentarse en un water de un hotel en Japón es una experiencia que no se olvida. Todos ellos tienen, en un lateral, una consola de control por la que mediante unos botones puedes activar un chorrito limpiador (culo o bidet), controlar la potencia del mismo, regular la temperatura de la taza, limpiar los restos e incluso poner música que distraiga los ruidos delatores. Alucinante. Aunque lo más inquietante es la precisión con la que sale el chorro limpiador. ¿Tendrá una mini cámara oculta?
El pachinko

A los japoneses les apasiona un curioso juego, mitad tragaperras mitad pinball que se llama Pachinko. Se trata de unas máquinas en las que compras unas bolas metálicas que, accionadas mediante una rueda, salen disparadas por los canales dando vueltas y cayendo en agujeros que dan más o menos premio (más bolitas). Todo ello amenizado con unas luces espasmódicas y una música machacante. Pues hay salones de pachinko con hileras tras hileras de estas maquinitas en donde los usuarios se alinean y se pasan horas dándole a la ruedecita. Y cosa curiosa: los premios, aparte de snacks o de tabaco, son unas fichitas que se pueden cambiar por dinero en unos establecimientos cercanos: así esquivan la prohibición que existe en Japón sobre las apuestas. Hecha la ley, hecha la trampa…
Los vestidos tradicionales

Al la caída de la tarde o en los días festivos, en las ciudades se pueden ver grupos sobre todo de chicas, aunque también parejas, ataviados con trajes tradicionales que se pasean por los templos y santuarios o por los barrios tradicionales de geishas de, por ejemplo, Kanazawa o Kyoto. Y es que a las chicas jóvenes les gusta vestirse con los kimonos fantásticamente decorados y coloridos, añadir todos sus complementos y pasear y hacerse fotos en los enclaves tradicionales. Muchas de las chicas tienen en casa su propio kimono, pero alrededor de estos sitios existen tiendas donde por pocos yenes se pueden alquilar, con lo que a veces se producen chocantes escenas de turistas occidentales disfrazados de japonesas y japoneses clásicos.
Las máquinas expendedoras

Imaginaos: Vas caminando por la calle de una ciudad de Japón y sientes un irresistible deseo de tomar o comer lo que sea. No hay problema. Seguro que en breves instantes te encuentras con una máquina expendedora que te venderá tu necesidad. Las máquinas callejeras son una fantasía de luz y color y muy utilizadas por los transeúntes. Nosotros nos viciamos con los cafés fríos. ¡Qué ricos! Y otra utilidad: son de los pocos sitios públicos que tienen papeleras (aparte de los Kombini)
Los cafés de mascotas

En Japón puedes ir a tomar un café o un té en un local con mascotas. Nada nuevo hasta ahí ya que en muchas ciudades europeas existen estos establecimientos. Lo que no es tan normal es que, aparte de con los usuales perritos o gatitos, te puedas tomar un café acariciando cerdos vietnamitas, hurones, chinchillas, erizos, zorros… ¡hasta buhos en bosques artificiales o arañas en terrarios!
Los jardines y parques

La tradición / religión shinto (sintoísta) japonesa rinde culto y veneración a la naturaleza desde tiempo inmemorial. No es de extrañar pues que los japoneses tengan los jardines y parques más cuidados y perfectos del mundo ya que pasear y vagar por ellos es entrar en contacto con las divinidades. De esta manera los jardines reciben todo tipo de cuidados podando minuciosamente plantas y arbustos, diseñando estanques por donde nadan los coloridos koi o dando formas perfectas a los árboles durante años y años como si de bonsai gigantes se tratara. Es tanta la dedicación, que en nuestro viaje llegamos a ver jardineros recortando diminutas parcelas de césped con pequeñas podadoras de mano. Paciencia milenaria.
Los muestrarios de platos

Muchos restaurantes japoneses exiben sus platos mediante perfectos y detallados modelos de resina. Esta técnica, llamada Sanpuru es todo un arte principalmente artesanal (aunque ahora están entrando empresas industriales en el negocio) y se usa desde los años 20 del siglo pasado para que los restaurantes muestren a los clientes sus mejores platos, ya que los menús no se usaron en Japón hasta la era digital. Hay verdaderos maestros en esta disciplina, que trabajan en diminutos talleres y es muy divertido contemplar platos y más platos falsos en los aparadores de los restaurantes.
Los trenes

Los trenes en Japón son un mundo en si mismo. Su primer mandamiento es la puntualidad y todo gira entorno a ella ya que llegan y salen de la estación a la hora exacta prevista, así que si estás en el tren tu estación se anunciará con tiempo para que no te demores (hay carteles de que dejes tu maleta si la has asegurado en el portaequipajes y no la puedes sacar, ya te la sacarán y devolverán en la última estación) y si estás en la estación, no tendrás mucho tiempo para subir. Para eso, en el suelo de los andenes están señalizados en qué punto exacto va a parar tu vagón, dependiendo del tipo de tren y línea. Y lo clavan al milímetro. Y lo más curioso de todo: hay trenes temáticos: nosotros abordamos un shinkansen (tren bala) decorado… ¡de Hello Kitty! Y ahí estaba la gatita de marras por todas partes avisándote de todo y vestida de ferroviaria.
Las colas

La japonesa es una sociedad ante todo respetuosa. Y uno de los sitios en donde más se demuestra son las colas. En la puerta del vagón de metro, en las cajas de los Kombini, en las máquinas expendedoras de billetes del tren, guardando el turno de los restaurantes; la gente se coloca siempre por estricto orden de llegada y nadie, jamás de los jamases, se cuela. Es más, es un signo de muy mala educación y falta de respeto hacerlo: a veces se ve a algún turista colarse por error u omisión y es fulminado por mil miradas, incluso por las nuestras. Qué fácil es acostumbrarse a las cosas bien hechas
Las comidas para llevar

Al acabar la jornada laboral, las tiendas de comida para llevar de los centros comerciales y de las estaciones de metro y tren se llenan de repente de personas que buscan la caja de bento, el pack de noodles instantáneos o los pasteles de pescados de mil formas y colores. Y es que las gigantescas secciones de comidas para llevar son eso, un festival multicolor de alimentos envasados en plástico a los que los japoneses son devotos. Es tanta la afluencia que si llegas un poco tarde, puedes quedarte sin nada que llevarte. Una pena porque muchas de nuestras cenas consistían en llevarnos comida preparada al hotel (nada fantasioso, casi siempre sushi, fideos o ensalada) ya que es muy barato y está siempre muy rico, tanto o más que en los mejores restaurantes japoneses de España.
La cerveza verde (y todo lo verde en general)

En Japón, verde es igual a té matcha, que es un gran favorito en la cultura gastronómica japonesa. Una vez reducido a polvillo, se mezcla con el ingrediente deseado dándole al alimento en cuestión un inconfundible tono verde vivo. Y un inconfundible aroma a té, claro. Así, podemos encontrar helados verdes, pastelitos verdes, galletas verdes, crema verde, mochi verde, muffins verdes… hasta aquí bien. Pero lo que no nos parece un gran invento es la cerveza verde. Con eso no se juega.
Fumar

La manera en la que Japón se enfrenta al tema de fumar es, cuando menos, curiosa. Uno diría que lo hacen totalmente al revés de como lo hacemos en Europa (o nosotros lo hacemos al revés de ellos…). Para empezar, está prohibido fumar en la calle, sólo está permitido en unas pequeñas áreas delimitadas en la acera, ya sea con una marquesina o simplemente pintadas en el suelo. Con lo que de vez en cuando se ve un grupito de fumadores en un metro cuadrado que son fácilmente evitables, gran ventaja para no tener que tragar humo. En cambio, se puede fumar en los bares y restaurantes que no están a nivel de calle, en los pisos, de los que hay un montón (y supongo que en los Karaoke también, aunque no fuimos a ninguno). Por el contrario, en los trenes-bala y los JR (media distancia), existe un cubículo para fumadores, que bien, pero los que lo usan dejan un apestoso rastro al pasar y pobre de ti si el fumador se te sienta al lado…
Las tiendas de bolas

Las máquinas expendedoras de bolas se llaman Gachapon y son todo un fenómeno en Japón. Introducidas en los años 70, al principio sólo ofrecían juguetitos para niños pero actualmente ofrecen un gran surtido de figuritas de colección, desde animalitos, a muebles en miniatura pasando por comidas, superhéroes o personajes de manga. Es tal la afición por el gachapon que hay locales dedicados enteramente a estas maquinitas, que se alinean una al lado de la otra en filas temáticas (hay que buscar la del tema que te interese mediante las fotos de los posibles regalos) y algunos coleccionistas tienen verdaderos ejércitos de figuritas. El precio por tirada oscila entre 100 y 400 yenes dependiendo de la posible recompensa (de 50 cts a 2 euros más o menos)

Fascinante Japón y todas sus curiosidades, y nosotros aqui vamos para atrás jajajajaja
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