
Barcelona. Una de las ciudades más conocidas, visitadas, turisteadas y paseadas de todo el mundo. Hasta el punto de que en 2021 fue la octava ciudad con más turistas de Europa, con más de 6 millones y medio de visitantes. Ciudad a la que sus habitantes aman, sufren, toleran… y que cuenta con un buen número de atracciones turísticas, que son ya iconos mundiales bien conocidos por todo el mundo .
Por eso, Isa y fe de viaje se sentía un poco en deuda con la ciudad en la que vivimos y que amamos y sufrimos a partes y a ratos iguales. Así que nos gustaría confeccionar una guía que supusiera una alternativa a lo más trillado y conocido, recogiendo 20 de los sitios que más nos gustan, nos atraen o que nos resultan más acogedores en la ciudad y que en su gran mayoría son desconocidos para el turista habitual.
En definitiva, una guía que pueda serle útil al visitante (o al indígena que no los conozca) que quiera visitar lugares atractivos fuera del recorrido habitual y, por qué no, convertirse en un experto en Barcelona.
1 – MONTAÑA DE MONTJUÏC

Sin duda, Montjuïc es nuestro sitio preferido de Barcelona. Es un monte de 175 m de altura qué, por suerte o por conjunción astral ha quedado sin urbanizar. Y el resultado es que Barcelona tiene un maravilloso pulmón verde del que pueden disfrutar sus pacientes habitantes. Pero no sólo eso, el Parc de Montjuïc bien vale una visita de bastantes horas, ya que concentra un montón de diferentes actividades: se puede dar un paseo por las instalaciones de la Anella Olímpica, pasear por sus caminos, contemplar los jardines botánicos, sentarse a tomar una cervecita en sus terrazas con vistas inigualables sobre la ciudad (el de las antiguas piscinas de saltos es bastante espectacular), visitar alguno de sus museos (la Fundació Miró merecería una entrada aparte en este artículo) o, para los que están más en forma, subir hasta el Castell en la cima de la montaña y disfrutar de unas vistas incomparables sobre el puerto de la ciudad. Y en la bajada, visitar los Miradors de l’ Alcalde, un vestigio de lo que fue el parque de atracciones que, por desgracia, desapareció en los primeros años 90. (Nota: si no os apetece subir caminando, al Castell se puede llegar en el autobús 150, que se coge en las Torres Venecianas)
2 – PABELLÓN MIES VAN DER ROHE

En un extremo de una de las terrazas de la subida al Palau Nacional de Montjuïc podemos encontrar el que a nuestro juicio es el edificio más bonito de Barcelona. Se trata del Pabellón Alemania de la Exposición Universal de 1929 que, junto a su vecino (y horroroso) pabellón de Italia, sobrevivió al desmantelamiento de la Expo. Popularmente conocido como edificio Mies Van der Rohe por el arquitecto que lo diseñó, es un ejemplo perfecto de la arquitectura del movimiento Bauhaus, surgido en Alemania en el período de entreguerras y que preconizaba el lema de menos es más (líneas puras, estructuras geométricas, ausencia de adornos). Si queréis visitar su interior se paga entrada, 8 euros o 4 la reducida, pero desde fuera nos podemos hacer una idea bastante buena de su espectacular estructura minimalista.
3 – SALA OVAL DEL PALAU NACIONAL

El Palau Nacional de Montjuïc es una pieza bien conocida del Skyline de Barcelona. Aparte de albergar una importante colección permanente de pintura de autores catalanes, este imponente edificio proyectado para la expo de 1929 preside el espectáculo turístico de Barcelona por excelencia, la Font Màgica de Carles Buïgas, y de su cúpula salen los 9 rayos que coronan la ciudad las noches invernales. Pero lo que poca gente conoce es la espectacular sala oval que se abre al final del edificio. Es una de las más grandes salas de Europa dedicada a actos sociales y se puede visitar gratis y admirar su altísima cúpula y su solemne órgano. Y por supuesto, alquilarla para cualquier evento que tengáis si os sobran algunos eurillos.
4 – TEATRE GREC Y JARDINS DE LARIBAL

¿Sabíais que Barcelona tiene un teatro griego? Bueno, esta afirmación tiene un poco de trampa ya que se trata de una réplica construida para la Expo Universal de 1929 al pie de la carretera de La Font del Gat y detrás del bonito complejo del Mercat de les Flors. Pero es una réplica que da el pego ya que está construido en piedra en la ladera de la montaña y tanto el teatro como los bonitos jardines y cenadores románticos del recinto bien valen una visita. El teatro es totalmente funcional y en él se representan obras o se organizan conciertos, además de ser la sede del Festival Grec de cada verano. Además, desde el Teatre se puede subir a la Fundació Miró dando un paseo por el frondoso Jardí de Laribal, obra del paisajista romántico francés Forestier, que atesora otro precioso rincón muy poco conocido de Barcelona: Las escaleras del Generalife, llamadas así por la semejanza con sus homónimas de la Alhambra.
5 – JARDINES DE COSTA I LLOBERA

En la ladera más escarpada de la montaña de Montjuïc, la que da al puerto, podemos encontrar un curioso jardín que resulta desconocido incluso para la mayoría de los barceloneses. Se trata de los Jardins de Mossen Costa i Llobera en donde el visitante se puede sentir trasladado por un momento a un desierto de Norteamérica. Y es que las 6 hectáreas del parque albergan más de 800 especies de cactus y plantas crasas y suculentas de todos los desiertos del mundo. Y si tanto cactus os ha dado sed, la salida de arriba del parquecillo lleva a la explanada de Miramar, antiguos estudios de RTVE y hoy en día recalificado como hotel de lujo, donde podemos encontrar un par de terrazas con unas vistas espectaculares sobre el monumento a Colón y el Moll de la Fusta.
6 – LA VÍA SEPULCRAL ROMANA

En Barcelona hay un problema: cuando se inicia una obra, sobre todo en el centro de la ciudad, se corre el riesgo de toparse con un importante hallazgo arqueológico de épocas pretéritas que te retrase los trabajos unos cuantos añitos o, directamente, que los cancele. Y esto es lo que sucedió al empezar las obras de un parking en la Plaça Villa de Madrid en 2003: se descubrió una vía sepulcral romana que detuvo las obras. Una vez reurbanizada la plaza en 2008, ha quedado a la vista esta necrópolis romana del siglo II: los romanos usaban las carreteras que salían de las ciudades para enterrar a sus muertos y esto es lo que se puede ver aquí, tumbas que jalonaban la vía, entre ellas seis singulares cupae monolíticas.
7 – IGLESIA DE SANTA ANNA

Parece mentira que, tras las fachadas de la bulliciosa y transitada Pça Catalunya exista un lugar tan tranquilo y ajeno a las multitudes como la Església de Sta Anna. Se trata de un antiguo monasterio construido en el S XII y que de manera milagrosa se salvó de la urbanización de la plaza y sus alrededores tras el derrumbe de las últimas murallas de la ciudad a mediados del S XIX. La iglesia mezcla el románico con el algunos elementos góticos como la puerta o el cimborrio y en su interior destaca un diminuto y precioso claustro. En la pequeña plaza homónima se puede ver una creu de terme, un crucero que señalaba el límite del antiguo municipio, y una escultura bautizada como Homeless Jesus instalada en 2019 y que es una alegoría que denuncia la situación de los sin techo, ya que el recinto funciona como hospital de campaña para personas sin hogar.
8 – PÇA ST. FELIP NERI

Si la Plaça del Rei es el lugar más solemne y armonioso del Barri gòtic, la vecina Plaça de Sant Felip Neri es, quizás, el lugar más bonito de la Ciutat Vella (¿y de toda Barcelona? pues podría ser). Esta recogida plaza, a la que sólo se accede por dos callejuelas, te acoge con el rumor del agua de su fuente octogonal, reconstruida tras ser destruida en los bombardeos de la guerra civil, y con sus fachadas medievales que acogieron a algunos de los antiguos gremios de la ciudad. Uno de los hits de la plaza son las agujeros en la pared de la iglesia que le da nombre. Escucharéis decenas de leyendas urbanas al respecto pero lo cierto es que fue causado por la metralla de un bombardeo de la aviación italiana en la guerra, que se llevó por delante gran parte de la zona.
9 – PLAÇA DEL REI

Muchos barcelonés conocen la Plaça del Rei por su ocio nocturno ya que su oferta es amplia y variada, pero aparte de eso, esta plaza es un bonito espacio para visitar de día. Situada en el tramo final de la Rambla y unida a esta por un corto callejón, se trata de un espacio urbanizado en 1850 tras el desmantelamiento de un convento capuchino y organizado de una manera simétrica tanto en sus fachadas como en sus soportales porticados. La mayoría de los locales están dedicados a la restauración y son bastante justitos en cuanto a calidad, pero es muy agradable tomar algo en las terrazas o vermutear, sobre todo si acompaña el buen tiempo. En cuanto la decoración de la plaza, destacan dos imponentes farolas con el caduceo de Mercurio en hierro fundido encargadas por el Ayuntamiento a Antoni Gaudí (única obra encargada por la ciudad al arquitecto) y la delicada fuente de las tres gracias en el centro de la plaza, con su estanque circular que utiliza el personal para descansar en su borde y con la estilizada estatua con tres cariátides.
10 – CARRER PARADÍS

Esta pequeña calle de no más de 200 m que muchas veces pasa desapercibida entre tantas vías turísticas a su alrededor, conecta la Plaça Sant Jaume con la fachada trasera de la Catedral tras cambiar de dirección dos veces en sendos ángulos rectos. Aparte de ser un bonito y fotografiable callejón, un lugar muy poco conocido sorprende a turistas e incluso a los barceloneses. Se trata de lo que contiene el magnífico palacio gótico que alberga al Centre excursionista de Catalunya: en el patio interior que se abre la derecha se conservan cuatro impresionantes columnas del Templo de Augusto del S I d.C., uno de los pocos vestigios romanos que se conservan en la ciudad. Y una curiosidad: fijaos en la rueda de molino encastada frente a la puerta del palacio; marcaba el punto más alto de la ciudad medieval.
11 – PLAÇA DELS TRAGINERS Y MURALLA ROMANA

Esta pequeña plaza que se encuentra al final de la Baixada de Viladecols, en la parte baja del Gòtic, resulta el mejor punto de la ciudad para observar la muralla romana. Y es que, lamentablemente, pocos tramos quedan de la muralla ya que en buena parte sus piedras se usaron para construir la ciudad gótica y que tan bien se puede apreciar aquí. La plaza cuenta con un par de agradables terrazas donde tomarse una cervecita mientras te sientes transportado 20 siglos en el tiempo. Y es también un buen punto para iniciar la ruta de la muralla romana hacia vía Laietana o hacia el Carrer del Correu Vell e intentar descubrir los últimos vestigios que quedan de la misma.
12 – BIBLIOTECA DE CATALUNYA I HOSPITAL DE LA SANTA CREU

En el Carrer del Carme, cerca de Las Ramblas y guardado por una reja de arco metálica, se abre un gran recinto gótico poco conocido y que vale mucho la pena visitar. Se trata del complejo del Hospital de la Santa Creu, abierto extramuros como hospital general de la ciudad en el año 1400 y hoy integrado en el Raval. Si entramos por su parte norte, lo primero que nos encontramos a la izquierda es la sobria fachada del Real colegio de cirugía, donde una placa nos recuerda que aquí dio clases Ramón y Cajal. Se puede pagar entrada para ver el magnífico teatro anatómico y sentirse trasladado a un decorado de película del S XVIII (9.50 € visita guiada los miércoles). Un poco más adelante, y debajo del arco se abren las dos entradas de la espectacular Biblioteca de Catalunya, creada en 1901 como biblioteca central de la ciudad. Se puede entrar para admirar las espectaculares bóvedas góticas de las naves únicas, sobre todo en el edificio de la izquierda. Y un poco más adelante se abre el patio del antiguo Hospital de la Santa Creu. Rodeado de solemnes edificaciones góticas características, cuando paseamos por sus jardines y sus galerías porticadas parece que hayamos hecho un viaje en el tiempo cinco centurias atrás. Algunos de los patios, como el de la Casa de Convalecencia son visitables.
13 – MONASTERIO DE SANT PAU DEL CAMP

En pleno meollo del barrio del Raval más degradado, contrasta esta maravilla románica, única en la ciudad. Se trata del monasterio románico de Sant Pau del Camp, fundado en el siglo X por los monjes benedictinos a las afueras de la ciudad, en el camino hacia Tarragona. La ampliación de las murallas del S XV lo integró por fin a la ciudad. El recinto se conserva prácticamente intacto y destaca su claustro, construido en el siglo XII y único en el mundo dentro de su orden por sus arcos polilobulados de influencia árabe. En su interior se conservan algunas tumbas como la de Guifré II Conde de Barcelona, muerto en el año 911 y que ayudó a datar con mayor precisión el edificio.
14 – EDIFICIO DE LES DRASSANES

Justo cuando acaban Les Rambles en el puerto, a la derecha del Monumento a Colón se alza el solemne complejo de les Drassanes Reials. Se trata del recinto gótico civil más grande de Catalunya, empezado a construir en el S XII y finalizado a pleno rendimiento como arsenal y astillero de barcos en el siglo XV. Tras no pocas reconstrucciones y reorientaciones, y salvado milagrosamente de la destrucción varias veces, alberga desde 1936 un importante museo marítimo. El recinto está rodeado por imponentes murallas y bastiones y resulta evocador contemplar sus altas cristaleras en la fachada sur por donde antaño el edificio estaba abierto y se botaban los barcos en el mar (la playa llegaba justo hasta aquí). En la parte norte del complejo, en la entrada principal, existe un tranquilo jardín con una agradable terraza donde tomar algo tras la visita.
15 – UNIVERSITAT CENTRAL DE BARCELONA

Este solemne edificio, situado en la plaza homónima, alberga la universidad más antigua de la ciudad fundada en el S XV. Desconocido para prácticamente toda la turistada que aterriza en la ciudad, vale mucho la pena visitarlo accediendo por la amplia entrada columnada, subir por sus regias escalinatas, visitar su fastuoso paraninfo si está abierto, pasear por sus dos patios porticados (conocidos por los estudiantes como el de ciencias y el de letras) y relajarse en el frondoso jardín trasero que constituye uno de los poquísimos espacios verdes del Eixample. Y, si se puede y no se molesta a los estudiantes, meter la nariz en la carismática biblioteca y comprobar que sigue manteniendo su ambiente decimonónico.
16 – RECINTO MODERNISTA DEL HOSPITAL DE SANT PAU

Corría el año 1901 cuando el Hospital de la Santa Creu, en el Raval, se quedó pequeño y obsoleto para una ciudad que se volcaba fuera de las murallas, así que el ayuntamiento le encargó un nuevo hospital al gran arquitecto Domenech i Muntaner, quien construyó esta maravilla modernista que reta a la mismísima Sagrada Familia, en el otro extremo de la avenida Gaudí. El recinto se basa en una red de 27 pequeños pabellones interconectados por pasadizos subterráneos. Un siglo después de su fundación, en 2009, se construyó un nuevo hospital ya que este recinto había quedado una vez más obsoleto y, tras una importante restauración, fue abierto al público en 2014. El precio de la entrada básica para la visita libre es de 16 €.
17 – CASA VICENS

Todo turista de pro que venga de vacaciones a Barcelona visitará sí o sí las obras mayores de Antoni Gaudí (Park Güell, Pedrera, Casa Batlló y por supuesto Sagrada Família), pero pocos o muy pocos irán a visitar la que fue la primera casa construida por el genial arquitecto en la ciudad. Se trata de la magnífica Casa Vicens, situada en el Carrer Carolines del barrio de Gràcia, una zona poco frecuentada del barrio, y construida en 1885 cuando Gràcia era un municipio independiente; de hecho, el industrial barcelonés Manuel Vicens la encargó como villa de vacaciones. De influencia oriental, ya se pueden adivinar los elementos que marcarán la obra del arquitecto: formas inspiradas en la naturaleza, cerámica decorativa (aunque aún no el famoso trencadís) o la forja de hierro, y cuentan que en su época causó una gran impresión entre los vecinos de Gràcia por su estilo rompedor. Desde 2017, y tras la venta a un banco y su posterior restauración, se puede visitar como casa museo. La entrada básica con audioguía cuesta 18 Euros (12 reducida)
18 – AV. TIBIDABO I PLAÇA DEL FUNICULAR

Esta avenida, que conecta el barrio de Sant Gervasi con las faldas de Collserola tiene una historia curiosa. Es obra y gracia de la celebrity local, el Doctor Andreu, quien tras hacer un fortunón con las famosas pastillas Juanola a principios del S XX, decidió urbanizar un camino de carros con las más fastuosas villas al estilo modernista, como por ejemplo el magnífico edificio del Frare Blanc en el número 31. Hoy en día es una señorial avenida cuyo recorrido hace el pintoresco y reliquia del pasado Tramvia Blau (parado hasta que nuestra Alcaldesa lo desbloquee), que alberga el importante Museu de la Ciència, y que llega hasta la Plaça del funicular, que asciende hasta el Parc d’ atraccions del Tibidabo, otra buena visita si tenéis tiempo. Ah, y en esta plaza tenéis un par de bares con unas vistas sobre la ciudad bastante impresionantes.
19 – PARQUE DEL LABERINT

Este jardín histórico que se acabó de construir en 1808 en la antigua finca de la familia Desvalls, familia barcelonesa de rancio abolengo, se sitúa en las afueras de la ciudad pero bien vale una visita. Se trata de un magnífico ejemplo de jardín neoclásico y romántico, a la manera de los jardines centroeuropeos y, aparte de sus solemnes edificaciones y de sus estatuas, templetes, fuentes y estanques, lo singular del conjunto es su intrincado laberinto de 2500 metros cuadrados y sus miradores (donde puedes hacer trampa ya que se puede apreciar todo el recorrido). En 1970 el Ayuntamiento compró la finca a los descendientes de los Desvalls y, tras una restauración, el parque fue abierto a los ciudadanos. Ya en 1995 se reguló la entrada a la parte central del espacio cobrando entrada simbólica, dado que la afluencia descontrolada de gente amenazaba con degradar el parque (algo parecido a lo que se hizo en el Park Güell).
20 – CARRETERA DE LES AIGÜES.

Para acabar, una visita que disfrutarán deportistas o los aficionados a caminar (o correr) por la montaña. La Carretera de les Aigües es un circuito que discurre por la ladera del Tibidabo y que ofrece vistas espectaculares sobre toda la ciudad de Barcelona. Sigue un antiguo trazado de una canalización de aguas que abastecía a la ciudad (de ahí el nombre) y recorre unos 10 Km con un desnivel prácticamente de 0 m, apto para todos los públicos. Es un camino muy popular entre los barceloneses aficionados al running, a la bici o simplemente a caminar, sobre todo en los fines de semana, en los que el parking de coches de la entrada norte puede estar bastante lleno. Hay dos puntos de acceso al camino: con los Ferrocarrils, parada Peu del Funicular y luego el funicular, o caminando un poco desde el final de la Avenida Tibidabo.
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