Una vuelta por Bali

Fuimos en : Sept – Oct 2018

Fuimos con: Por libre, organizado por Isa.

Guía en la isla: Ubud Bali Day Tours

Estuvimos: 16 días

Hemos visitado:

  • Ubud
  • Campos de arroz de Tegallalang
  • El templo de Gunung Kawi
  • El templo de Tirta Empul
  • El templo de Goa Gajah
  • Cascada Tegengugan
  • El templo de Tanah Lot
  • El templo de Taman Ayun
  • El volcán Batur
  • El palacio de Taman Ujung
  • Padangbai
  • La isla Gili Air
  • Jimbarán
  • Uluwatu
  • El templo de Pura Luhur

Puede que os suene a tópico o a cliché, pero es la realidad: Bali es un paraíso. Y además, un paraíso para todos los gustos. Y es que esta isla, que forma parte de las islas menores de la Sonda en el gran archipiélago que es Indonesia, lo tiene todo: los paisajes brutales de los campos de arroz o las cascadas, senderismo por volcanes aún en activo, cultura tradicional milenaria en sus ciudades, espiritualidad en sus templos, descanso y relax en sus playas, surf en sus olas…

Aquí os contamos el magnífico viaje que hicimos por la parte sur y este de la isla (la occidental tocará en otra ocasión) y por las increíbles Islas Gili, un pequeño conjunto de tres islas que pertenecen a la vecina Lombok, para que os pueda servir de guía o de sugerencia si os animáis a visitar esta maravilla que es Bali.

Atardecer en Ubud

A Bali se llega por el aeropuerto Internacional Ngurah Rai, en la capital Denpasar. Capital que ni pisamos (tiene escaso interés) ya que un taxi nos llevo directos a la ciudad de Ubud. Tampoco pasamos por Kuta, el supuesto epicentro de la juerga surfera isleña. Eso lo dejamos para otros. Es muy buena idea hacer de Ubud el campamento base durante unos días. Dada su situación central, es un buen punto de partida para visitar los sitios de interés del interior de la isla. Nosotros hicimos 5 noches en Nur Guest House, un bonito resort pequeño de cabañas individuales con una piscina en pleno arrozal.

Templo de Saraswati

Ubud es una ciudad que te atrapa y te enamora; es de esas en las que te quedarías a vivir tranquilamente. De pocas calles, aparte de las dos principales que se entrecruzan, está plagada de pequeños hoteles con encanto (los hay mayores a las afueras, si el visitante prefiere mayores lujos), centros de arte y artesanía, tiendecillas, atractivos warungs y terrazas para sentarse y ver la vida pasar, nuestra ocupación favorita al caer la tarde. También hay dos templos interesantes, siendo el de Templo de Saraswati el más bonito por sus estanques de nenúfares sus espectáculos tradicionales (hay que reservar) y su café donde puedes tomar algo o incluso cenar.

El mono que te da la bienvenida

El primer día, por eso de aclimatarnos, no hicimos ninguna excursión fuera de la ciudad y optamos por visitas locales. Un paseo por el Mercado tradicional de Arte, donde puedes hacerte con piezas de artesanía o pintura local, y por la tarde al Monkey Forest. Se trata de una espectacular reserva natural selvática que sirve de santuario a cientos de monos semisalvajes. Nos advirtieron de que no debíamos darles de comer ya que de eso se encarga el personal del parque

Borrachera de verde en las terrazas de cultivos de arroz

El día siguiente conocimos a nuestro guía, el que sería el encargado de pasearnos por la isla. Se trataba del diligente Ketut Ajus, de la empresa Ubud Bali Day Tours. Os lo recomendamos encarecidamente si algún día visitáis la isla y queréis un guía didáctico, eficiente, majo y resuelto. Ese día tocaba salir pronto, ya que nos dirigíamos a los campos de arroz de Tegallalang y Ketut nos recomendó ir pronto para no encontrar a mucha gente. Llegamos a las 8:30 y, en efecto estábamos solos (un rato después se empezó a llenar). Es un lugar espectacular: cientos de metros de terrazas se acumulan en colinas de un verde intenso surcadas por unos canales a modo de irrigación. Nuestro amigo nos explicó que el pueblo vecino los explota en régimen de cooperativa, aquí denominado subak, y se encargan de abrir y cerrar compuertas para dirigir los cursos de agua a unas u otras parcelas.

Los candi de los reyes

A 5 minutos en coche de Tegallalang el guía nos llevó al primer gran templo que visitaríamos en Bali: el Gunung Kawi. Tras descender cien escalones entre arrozales se llega a este sobrecogedor templo con grandes figuras que representan al rey y a sus concubinas, excavadas en candi o nichos. Data del S XI y es una mezcla perfecta de esculturas hipóstilas, canales de agua y estanques y terrazas de arrozales. Ketut aprovechó el lugar para introducirnos a la interesante religión balinesa, mezcla de filosofía y manera de vida descendiente del hinduismo y que se basa en la relación estrecha entre el hombre y la naturaleza en todos sus aspectos.

En este primer templo, nuestro guía nos explicó la norma básica para entrar en todos los templos de la isla: Hay que llevar una prenda que cubra los hombros así como las piernas hasta las pantorrillas. Normalmente usamos un sarong o falda tradicional que los locales o nuestro guía nos proporcionaron y que nos enseñaron a anudar, tarea que no resultó trivial.

No sé yo si me va a gustar…

Tras Gununk Kawi, nuestro guía nos ofreció hacer una visita fuera de nuestro programa y lo cierto es que resultó muy divertida. Se trató de la Luwak coffee farm, una fabrica de café en donde nos dieron a probar 12 tipos de café y té y en donde probamos la joya de la corona: el café más caro del mundo, el luwak, que se elabora a partir de granos excretados por ginetas (no es broma). La taza de café nos costó 2 €, pero nos contaron que en Europa puede llegar a alcanzar precios prohibitivos.

La purificación de los fieles (y de los turistas, al fondo)

Siguiente parada: el sobrecogedor Templo de Tirta Empul o del manantial sagrado. Construido en el S X y consagrado a Vishnu, recoge las aguas sagradas del río Pakeristán y las canaliza en varias piscinas y estanques. Nos impresionó en particular una de ellas, la principal. Consta de 13 chorros que brotan de jarras de piedra; los fieles se purifican bajo uno tras otro hasta llegar al 11º. Podéis hacer el ritual pero ojo, no uséis los dos últimos, pues atraeríais muerte y desgracias (muchos turistas lo hacen por desconocimiento. Craso error.)

La cueva del elefante

Antes de volver a Ubud hicimos parada en Goa Gajah, literalmente la cueva del elefante. Se trata de una mezcla de templo, piscinas de purificación y santuario de meditación construida en el siglo XI y donde destacbaa la curiosa cueva con el altar dedicado al dios Ganesha y que cuenta con una puerta de acceso terrorífica. Ah, e hicimos un amigo: conocimos a nuestro primer barong, el colorido demonio protector de la mitología balinesa. Cada pueblo tiene uno que decoran con arroz, maíz y ofrendas y cuentan con preciosas máscaras que recuerdan a animales.

La cascada Tenengugan

Siguiente jornada. Nuestro guía nos lleva por la mañana a la Cascada Tegengugan. Bali tiene más de 100 cascadas destacables, y nosotros visitamos ésta. Se trata de una caída de agua de más de 15 metros y que es singular porque es de las pocas que no está en las montañas. Se accede después de bajar más de 200 escalones (que luego hubo que subir a pleno sol)

Tanah lot con la marea baja

Nuestro primer templo del día fue el impresionante Tanah Lot. Se encuentra en la costa sudoeste, más allá de las turísticas aglomeraciones de Kuta y Seminak y a una hora en coche desde la cascada (aunque son sólo 30 Km, pero los trayectos en Bali son muy lentos). Tanah Lot es uno de los 9 templos principales de la isla, cada uno en un punto cardinal más el centro, y cada uno dedicado a una fuerza natural, en este caso el océano. Está situado en un islote rocoso al que se puede llegar caminando en marea baja. La vista desde la playa es una de las imágenes icónicas de Bali.

Las meru de Taman Ayun

En el camino hacia Ubud visitamos el Templo Taman Ayun. En realidad se trataba de una antigua ciudad donde residía el rey de Badung. Desde el S XVII y hasta la ocupación holandesa, Bali se dividía en 9 reinos y Badung era uno de ellos. La ciudad conserva sus murallas y sus puertas en perfecto estado y en el interior podemos ver la mayor extensión de torres meru de la isla. Estas torres, que pueden tener 3, 5, 7 u 11 techos, simbolizan reyes, elementos naturales, puntos cardinales o, la mas alta de todas y la más impresionante, la montaña sagrada del hinduismo.

Vuelta a Ubud para probar el plato estrella de la comida: En un warung pequeño y destartalado que nos recomendó nuestro guía nos zampamos unas deliciosas raciones de Babi Guling, lechón preparado a partir de todas las elaboraciones posibles. Muy recomendable. Y si estáis de tour por Indonesia, pensad que, por razones obvias, Bali es el único sitio en donde podréis degustar este plato, así que aprovechad.

Amanecer entre volcanes

La siguiente jornada fue épica, y es que tocaba la ascensión al Volcán Batur, un volcán activo de 1717 m de altitud, sólo apto para personal en una relativa buena forma. Así que tocó diana a unas insalubres 2:30 a.m. , nos recogió un taxi a las 3:00 que nos dejó en un warung a pie del monte a las 4:00. Ahí nos dieron un café aguado y nos prepararon para salir en grupo con un guía, armados con una linterna. Un par de horas después llegábamos a la cima sin resuello, pero el espectáculo valió la pena: ver amanecer con el sol saliendo entre la bruma detrás de los volcanes y desplegando toda una paleta de colores. Como decía, épico. La excursión incluía una entrada a unas piscinas termales al pie del monte y a orillas del lago que, por supuesto, aprovechamos para relajarnos de la tremenda caminata.

El palacio del agua

Al día siguiente tocaba cruzar la isla hacia la costa este hasta Padangbai, punto de partida de los ferries a las islas Gili. Nuestro guía aprovechó el trayecto para hacer varias visitas en ruta, como Goa Lawah o cueva de los murciélagos donde tuvimos la suerte de presenciar un homenaje a un difunto, o el pueblo de Tengagan, una aldea ancestral que (en teoría) se mantiene como hace 300 años. Pero el sitio más interesante que vimos fue el Palacio del agua de Taman Ujung, un encantador y extenso complejo de palacios, palacetes, estanques, jardines, pérgolas y canales que el rey de Karangasem construyó en 1909 para sus 21 hijos (hay fotos en el palacete central que lo atestiguan)

Pesqueras tradicionales en la playa de Padangbai

Padangbai es una pequeña aldea de pescadores que es uno de los puntos de partida de los ferries a Lombok y las Gili (el otro es Benoa, al sur, cerca del aeropuerto) . Aparte de ser un pueblecito agradable, no tiene más puntos de interés que la espectacular playa Blue Lagoon, al pie de unos acantilados a unos minutos caminando hacia el norte. En el pueblo existen numerosas guest houses baratísimas para alojaros si vuestro ferry sale a la mañana siguiente, como fue nuestro caso.

Un trayecto en barco de poco más de una hora nos dejó en las islas Gili. Si Bali puede ser el paraíso, os aseguramos de que las Gili son El Paraíso, sin ninguna duda. Con deciros que teníamos programadas dos noches pero un amigo nos aconsejó alargarlo a 5 y aún se nos hizo corto… El archipiélago de las Gili consta de tres islas: Travangan, la mayor, con más hoteles, bares, restaurantes y vida nocturna; Meno, la menor, prácticamente desierta; y Air que sería una mezcla entre las dos. Esta fue la que escogimos para nuestra estancia.

Columpiándonos en Gili Air

Gili Air es el sitio perfecto para los que quieran descansar en toda la extensión de la palabra. Nos alojamos en una de las cabañas en el pequeño resort Manta Dive a pie de playa , un lugar pensado para los submarinistas pero que a nosotros nos encantó. Nuestras ocupaciones en Gili fueron, básicamente, rodear la isla a pie (5 km) por las mañanas, bañarnos, tomar el sol, hacer snorkel (podéis abordar un barco que os lleve a los diferentes puntos de avistamiento, pero si os da pereza, a 10 m de la playa ya tenéis un espectáculo de peces tremendo), tomar cervezas, hacer yoga, ver la puesta de sol y ya está. Además, la isla invita a la tranquilidad ya que está prohibido el tráfico motorizado; por sus escasas calles sólo circulan bicis y burrotaxis. (NOTA: visitamos la isla en octubre de 2018, 2 meses después de que un tsunami y un terremoto asolaran la isla y destrozaran la mayor parte de edificios e instalaciones. Espero que cuando leas esto se hayan podido recuperar y se pueda disfrutar de las maravillosas islas Gili en todo su esplendor.)

Para nuestros últimos días en la isla de Bali, escogimos hacer noche en la población de Jimbarán, una larguísima playa de unos 4 km al sur de la isla que se extiende desde el mismo aeropuerto hasta el impresionante hotel Four Seasons, que se vuelca por la ladera de la montaña. Pero si no queréis gastar tanto dinero, hay hoteles a lo largo de la playa a buen precio y con buenas instalaciones. Nosotros escogimos el Jimbaran Bay Beach, bien situado en el centro de la playa.

Atardecer en la playa de Jimbaran

Jimbarán es una pequeña ciudad costera que cuenta con un par de templos interesantes y un mercado de pescado fascinante. si no sois muy escrupulosos con los olores, un paseo por entre los puestos os dará una idea de la gran variedad de pescado y marisco que habita los mares de la isla. En la playa, aparte de los bañistas (extranjeros, a los balineses no les gusta bañarse, paradójicamente) abundan los pescadores, chavales que juegan a futbol, paseantes… y por la noche, los chiringuitos que durante el día venden inmensos zumos de fruta, plantan sus terrazas y asan pescados fresquísimos que son una delicia.

Para nuestro último día de excursión en la isla, nuestro guía Ketut nos hizo un recorrido por la península de Uluwatu, en el extremo meridional de la isla. De hecho, Uluwatu significa «el final de la tierra» en antiguo balinés ya que era el límite de sus tierras conocidas.

Estatua de Garuda Vishnú aun en construcción

Lo primero que le pedimos a nuestro guía es que nos llevara a ver una estatua que divisábamos desde la terraza de nuestro hotel, que nos intrigaba y que suponíamos gigantesca. Nos explicó que era la estatua de Garuda Vishnu Kencana, dedicada a estos dos dioses. Se acababa de inaugurar unos días antes y aún no se podía visitar. Mide 122 metros, 76 m la figura y 46 la base y, en efecto, es uno de los conjuntos escultóricos más altos del mundo. Llegamos sólo a una cierta distancia de su pie. Lástima, porque creo que ahora se puede subir hasta la cima de la torre donde hay un mirador.

Calita solitaria en Padang Padang

De ahí, nos dirigimos a la costa, a la playa de Padang Padang. Se trata de otra extensa playa, con tiendecillas y warungs, que los locales frecuentan para pasear y relajarse (recordemos que los balineses no se bañan en el mar) combinada con otras calas más bonitas y recogidas en las que apetece relajarse un buen rato. En la carretera de acceso hay una serie de candi o nichos que contienen unas grandes figuras de reyes locales y sus esposas e hijos, de los cuáles Ketut nos explicó unas curiosas historias de sus enredos familiares, probablemente apócrifas pero bueno, divertidas.

Pura Luhur al borde del acantilado

Siguiendo la costa hacia el sur, llegamos a nuestra siguiente parada, el templo Pura Luhur, el templo de Uluwatu, vaya. Se trata de otro de los 9 templos principales, el del punto cardinal sur, encaramado en lo alto de un acantilado en una suerte de construcción imposible. Está dedicado al elemento natural del viento y las tormentas a través del dios Rudhra. No lo pudimos visitar porque se estaba celebrando una ceremonia, pero la vista desde los balcones de los acantilados adyacentes era impresionante.

Surfeando la ola en Uluwatu

La última parada del día fue Uluwatu Beach, el paraíso de los surferos. Se trata de un espacio dedicado por completo al surf: se llega por un camino que baja serpenteando por el acantilado donde a cada paso hay una terraza para ver las competiciones o una tienda de material de surf. Las playas son muy angostas y de difícil acceso, pero tuvimos la suerte de llegar en plena competición y poder ver un rato del concurso desde una de las terrazas.

Al día siguiente cogíamos el avión de vuelta, dejando atrás 16 espléndidos días en Bali y las Gili. Nos quedó muchísimo por ver; los templos de Luhur Lempuyang o Pura Ulun Danu Bratan, el templo madre de Pura Besakih, los campos de arroz de Jatiluwih, la isla de Nusa Penida, la costa norte, las otras Gili…. Así que volveremos. Seguro.

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