
Hemos viajado en: Octubre 21
Hemos viajado con: Pangea BCN
Hemos estado: 12 días
Hemos visitado:
- La Pirámide Acodada
- La Pirámide Roja
- La pirámide escalonada de Saqqara
- La Pirámide de Meidum
- La Pirámide de Hawara
- La necrópolis de Tuna EL Gebl
- Tell el Amarna
- Templo de Dendera
- Templo de Abydos
- Las tumbas hipogeas de El Kab
- Las canteras de Gebl El Silsila
- El río Nilo en Dahabeya
El viaje tipo que la mayoría de los viajeros hace a Egipto suele ser de ocho días de duración y consiste en un crucero remontando el Nilo desde Luxor a Aswan en un gran barco, visitando los principales templos (Karnak, Edfú, Kom Ombo) y tres tumbas del Valle de los Reyes. Una vez en Aswan se suele visitar la isla de Filae, Elefantina en faluca y, opcionalmente, el templo de Abu Simbel. Traslado en avión a Cairo para pasar un par de días yendo a las pirámides de Giza, al museo egipcio, quizás la pirámide escalonada de Saqqara y a un par de excursiones más. Lo cual no está nada mal y, si tienes la suerte de contar con un buen guía, te ofrece una idea bastante buena del país.
Aunque hay una manera de visitar el Egipto desconocido, ese que el turista de cruceros clásicos no frecuenta y donde no encontraréis grandes grupos de gente. ¿Cuál es el truco? Desplazarse de Cairo a Luxor por tierra (normalmente en un minibús) y navegar el Nilo en Dahabeya hasta Aswan. (Más adelante os contamos qué es una dahabeya)
Estas son las etapas del viaje que hicimos al margen de los programas habituales. Que combinamos por supuesto con los conocidos monumentos y visitas que se hacen en las rutas habituales.
Las pirámides de Dashur

A unos 40 Km al sur de Cairo y más allá de la pirámide escalonada de Saqqara encontramos dos pirámides principales, la Pirámide Acodada y la pirámide Roja. Las dos fueron construidas por el faraón Senefru (padre del famoso faraón Keops) de la cuarta dinastía del Imperio Antiguo hacia el año 2600 a.C.
Si la primera se estima que se trata del primer intento de construir una pirámide de paredes rectas y que un error de cálculo llevó a variar su geometría para que no se desmoronase, la Pirámide Roja es la primera construcción de ese tipo de caras lisas de la historia. Miden 105 y 104m respectivamente y si bien puede que no sean tan impresionantes como las de Giza, emociona verlas y pensar que estamos delante de las primeras pirámides construidas en la historia.
Las pirámides de Meidum y de Hawara

A 100 Km río arriba desde el Cairo, en la región de El Fayum (recordemos que, aunque suene paradójico, «río arriba» en el caso del Nilo es hacia el sur) encontramos estas dos impresionantes pirámides. La primera, la de Meidum (la podéis ver en la foto principal del artículo) es una imponente mole de 65m de altura, aunque se cree que llegó a alcanzar los 140m, un poco menos sólo que la Gran Pirámide. Fue iniciada por el faraón Huny como pirámide escalonada de 5 pisos y finalizada por su hijo, nuestro amigo el faraón Snefru, que la revocó con piedra caliza haciendo que sus paredes quedaran completamente lisas. Se cree que ese revestimiento se desmoronó muy poco después y que a lo largo de los siglos se derrumbaron dos de los escalones, quedando como la podemos contemplar hoy en día con sus tres niveles superpuestos.
Si alguno de vosotros tiene alma de espeleólogo, se puede adentrar en una de las tumbas de los dignatarios, al lado de la pirámide. Nosotros entramos en la tumba 17, que tiene un trayecto estrecho e inclinado (no es nada fácil, ojo, hay que gatear y mucho) y que ofrece una sorpresa en la cripta. ¿Cómo pudieron meter tamaño sarcófago en un sitio tan angosto?
A unos 15 Km de ahí, hallamos la curiosa pirámide de adobe de Hawara, construida por el faraón Amenehmat III hacia el año 1830 a. C. Y es curiosa porque, si bien de lejos se podriía confundir con una colina, de cerca podemos distinguir una complicada estructura de ladrillos de adobe vagamente piramidal de 20m de altura (llegó a medir 58m). En la actualidad se están llevando a cabo importantes trabajos para salvar la estructura ya que las filtraciones de un canal artificial excavado al lado están erosionando la pirámide.
Necrópolis de Tuna el-Yebel

A 50 Km de distancia en dirección Luxor encontramos la interesante necrópolis de Tuna el-Yebel, o Tuna el-Gebel. Se trata de un complejo mortuorio formado por varios edificios. Quizás el más peculiar sea el de las catacumbas, compuesto por varios pasillos subterráneos interconectados donde podemos observar momias de babuinos, ibis y halcones, encarnaciones del dios Thot (el de la sabiduría y la escritura) al que está dedicado el complejo. Atención al peculiar olor del sitio; no dejó a nadie impasible.
Nos pareció muy interesante también la tumba del gran sacerdote Petosiris, erigida a unos cuantos metros de las catacumbas. En contra al modelo habitual de las tumbas egipcias que suelen ser subterráneas o hipogeas, ésta se asemeja a un pequeño templo. Fue construida en el siglo IV a.C., en época ptolemaica, y son muy ilustradoras sus pinturas murales sobre la vida cotidiana de la época.
Detrás de este templo – sepulcro pudimos encontrar la tumba de la joven Isadora, cuya trágica historia nos conmovió (se puede leer en los paneles informativos de la entrada) y donde podemos rendir homenaje a su momia, que reposa para siempre en la capilla de la tumba.
Tell El Amarna

Siguiendo la carretera en dirección a Luxor, llegamos a Tell El Amarna, patria del insólito faraón hereje Akenatón o Amenofis IV (S XIV a.C.) Esta gran extensión de terreno comprende la antigua ciudad de Ajetatón. Aquí es donde el faraón se confinó tras abolir el culto a todos los dioses menos a Atón y de donde no volvería a salir jamás. Este territorio estaba flanqueado por 15 estelas fronterizas, de las cuales aún existen dos que se pueden visitar (muy recomendable) y que se conservan en buen estado.
La carretera sigue adentrándose en el territorio llegando a un desfiladero. Tras éste llegamos a la tumba de Akenatón. Recientemente restaurada, se han podido recuperar algunos de los relieves que quedaron en mal estado por años de inundaciones. Hoy en día, una serie de canales aleja el agua de la tumba, que está excavada en el suelo de roca. Al gran santuario, un gran espacio vacío ya que el sarcófago se encuentra en el museo del Cairo, se llega tras un largo pasillo descendente.
Volviendo hacia la entrada y tras un desvío señalizado, alcanzamos la base de la montaña donde se encuentra la necrópolis de algunos importantes nobles amarnianos. Después de subir unas cuantas escaleras adosadas al acantilado,llegamos a cuatro tumbas visitables, entre ellas la de Ahmés, el escriba del rey, donde pudimos observar interesantes relieves que ofrecen una importante información de la vida cotidiana de ese período (cosecha, sanidad, maternidad), de la sociedad de la época y sobre el arte amarniano.
En la lejanía pudimos distinguir las ruinas de lo que fue el gran templo de Atón, una edificación gigantesca de la que apenas queda la planta y un par de columnas, pero decidimos no visitarlo.
Templos de Dendera y Abydos

Muy cerca de la zona de hoteles de la ciudad de Abydos (de hecho se podría ir prácticamente andando) encontramos el templo de Abydos, iniciado por Seti I, soberano de la XIX dinastía y finalizado por su hijo, el celebérrimo Ramses II. Está dedicado al dios Osiris, el señor del más allá, y su estructura es diferente a la disposición clásica del templo egipcio ya que cuenta con hasta 7 capillas o santuarios dedicadas a otras tantas divinidades, el propio faraón incluido. Pero lo realmente notable en este templo son los relieves policromados que se encuentran en un estado de conservación magnífico y que forman uno de los conjuntos de relieves más importantes de todo Egipto. Nos entretuvimos un buen rato ante la cronología de reyes hasta Seti I, con todos sus cartuchos y todos y cada uno de los nombres de los faraones ordenados cronológicamente.
A 100 Km siguiendo el curso del río hacia Luxor se halla la ciudad de Dendera y el templo homónimo. Sin duda, el templo de Dendera es una de las mayores maravillas que se pueden visitar en Egipto, hasta el punto que para muchos de los visitantes llega a superar en belleza y majestuosidad incluso al imponente templo de Abu Simbel o al gigantesco complejo de Karnak. Se trata de un vasto conjunto de templos y edificaciones entre los que destaca el bellísimo templo principal. Es de época grecorromana y está perfectamente conservado debido a que se descubrió enterrado en la arena casi en su totalidad. Está dedicado a la diosa Hathor, aspecto que queda de manifiesto en la espectacular sala hipóstila. Ante sus esbeltas de columnas de capitel hathoriano todo el mundo queda embelesado sin remedio y es normal ver a la gente vagar entre ellas extasiada o sentarse en una esquina para captar toda su magnificencia. Una vez superada la sala de columnas pudimos visitar el resto del templo, incluidas la terraza y las estancias de los sacerdotes, con sus correspondientes relieves e imágenes, una de ellas la de la famosa y misteriosa lámpara de la que aún no se tiene una explicación clara de lo que representa.
Un trayecto de una hora y media por carretera nos llevó hasta la ciudad de Luxor, punto de partida de los grandes cruceros que se dirigen hacia el sur y donde podremos embarcar en la dahabeya.
Tumbas hipogeas de El Kab

Superada la esclusa de Esna, tras 30 Km de navegación, la Dahabeya atracó en el pequeño puerto del pueblo de El Kab. Tras atravesar las casas de adobe o ladrillo, un paseo de aproximadamente 1 km (acompañados y rodeados por los chicos locales que nos intentarán vender el trayecto en burro o en motocarro) nos llevó hasta las interesantes tumbas hipogeas excavadas en la ladera de la colina. Se trataba de una necrópolis donde sepultaron a los dignatarios y nobles locales de la dinastía XVIII,durante la cuál El Kab fue capital de esta región de Egipto. Hay cuatro tumbas visitables, una al lado de la otra en lo alto del acantilado. La más importante de ellas es la del noble Paheri donde pudimos apreciar interesantes relieves que nos explican cómo era la vida en la época. El peculiar techo, esculpido en bóveda de cañón, ayudaba a que el peso de la montaña no hundiera la tumba y está decorado con pintura azul y tachonado con estrellas que imitan el cielo nocturno.
Canteras de Gebl el Silsila

Entre los templos de Edfu y Kom Ombo, paradas de todas las rutas habituales, visitamos un sitio muy peculiar, accesible sólo mediante lancha neumática ya que no tiene ni tan siquiera muelle. Se trata de las importantes canteras de Gebel el Silsila, de donde salieron una gran parte de los bloques de piedra arenisca que se usaron en la construcción de templos y estatuas desde el sigo XVI a. C. hasta la época ptolemaica y romana. Una ruta a pie que bordea el acantilado nos permitió observar los huecos de inmensos bloques arrancados de la piedra y otros aún por extraer, mientas nos rondaba por la cabeza la pregunta inevitable: ¿Cómo diablos lo hicieron? La ruta continuaba bastante trecho pasando por templetes en ruinas y observando las ruinas de las viviendas de los obreros y canteros.
La dahabeya

Ya hemos mencionado un par de veces la dahabeya, que fue nuestro medio de transporte por el Nilo. Nos apetecía huir un poco de las grandes motonaves que remontan el río y disfrutar de un crucero más privado, tranquilo, de poco aforo y que nos pudiera llevar a sitios de difícil acceso para los grandes barcos gracias a su pequeño tamaño y a su mínimo calado. Se trata de una barcaza de unos 30 metros de eslora con capacidad para un máximo de 20 pasajeros y que se desplazaba propulsada a vela o arrastrada por un remolcador. Recrea las embarcaciones que usaban los primeros turistas allá por el S. XIX. Tiene dos cubiertas exteriores, una interior (¿por si llueve? pero si no llueve nunca…) y un comedor acristalado con aire acondicionado. La sensación de paz y tranquilidad es máxima al no escucharse ningún ruido de motor y eso hace que el ya de por sí magnífico crucero por el Nilo se vea potenciado a la máxima expresión.
Nuestra dahabeya era la que se ve en la foto (ahí aparece amarrada en el muelle de Edfú con uno de los redactores a punto de abordarla) y estaba operada por la compañía local Veda-Egypt, Resultó perfecta tanto por el viaje en sí como por la magnífica atención y trato por parte de la tripulación de a bordo.
El viaje continuó por las paradas más clásicas (Edfú, Kom Ombo. Aswan, Abu Simbel, vuelta a Cairo) ciertamente maravillosas pero que ya forman parte de la mayoría de los tours clásicos que recorren el espectacular país de los faraones.
